Epístola de Francisco a los obispos Bonaerenses

alVATICANO – L’Osservatore Romano, el diario del Vaticano, publicó un artículo sobre una reciente carta (septiembre 2016) del Papa Francisco a los obispos de la región pastoral de Buenos Aires en Argentina. La misiva, explicó el periódico, respondía a unos “criterios básicos” propuestos por los prelados para el acompañamiento pastoral de los divorciados en nueva unión, en base a la exhortación apostólica Amoris Laetitia.

Los obispos de la región pastoral de Buenos Aires elaboraron un escrito, dirigido a sus sacerdotes, titulado “Criterios básicos para la aplicación del capítulo VIII de Amoris Laetitia”. El documento busca “acordar algunos criterios mínimos” sobre “el posible acceso a los sacramentos de algunos ‘divorciados en nueva unión’”.

La guía de los obispos bonaerenses fue remitida al Papa Francisco, quien aseguró que el documento “es muy bueno y explicita cabalmente el sentido del capítulo VIII de Amoris Laetitia”.

“No hay otras interpretaciones”, aseguró el Santo Padre, expresando su confianza en que la guía “hará mucho bien”.

En su documento, los obispos precisaron que “no conviene hablar de ‘permisos’ para acceder a los sacramentos, sino de un proceso de discernimiento acompañado por un pastor”.

La guía dirigida a los sacerdotes de Buenos Aires indica además que “cuando las circunstancias concretas de una pareja lo hagan factible, especialmente cuando ambos sean cristianos con un camino de fe, se puede proponer el empeño de vivir en continencia”.

“Si se llega a reconocer que, en un caso concreto, hay limitaciones que atenúan la responsabilidad y la culpabilidad, particularmente cuando una persona considere que caería en una ulterior falta dañando a los hijos de la nueva unión, Amoris Laetitia abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía. (…) Lo que se propone es un discernimiento que distinga adecuadamente cada caso”.

El documento explica a los sacerdotes que “puede ser conveniente que un eventual acceso a los sacramentos se realice de manera reservada, sobre todo cuando se prevean situaciones conflictivas”.

Escrito-guía de los obispos de la Región Buenos Aires:

“Criterios básicos para la aplicación del capítulo VIII de Amoris Laetitia”

Estimados sacerdotes:

Recibimos con alegría la exhortación Amoris laetitia, que nos llama ante todo a hacer crecer el amor de los esposos y a motivar a los jóvenes para que opten por el matrimonio y la familia. Esos son los grandes temas que nunca deberían descuidarse ni quedar opacados por otras cuestiones. Francisco abrió varias puertas en la pastoral familiar y estamos llamados a aprovechar este tiempo de misericordia, para asumir como Iglesia peregrina la riqueza que nos brinda la Exhortación Apostólica en sus distintos capítulos.

Ahora nos detendremos sólo en el capítulo VIII, dado que hace referencia a “orientaciones del Obispo” (300) en orden a discernir sobre el posible acceso a los sacramentos de algunos “divorciados en nueva unión”. Creemos conveniente, como Obispos de una misma Región pastoral, acordar algunos criterios mínimos. Los ofrecemos sin perjuicio de la autoridad que cada Obispo tiene en su propia diócesis para precisarlos, completarlos o acotarlos.

1) En primer lugar recordamos que no conviene hablar de “permisos” para acceder a los sacramentos, sino de un proceso de discernimiento acompañado por un pastor. Es un discernimiento “personal y pastoral” (300).

2) En este camino, el pastor debería acentuar el anuncio fundamental, el kerygma, que estimule o renueve el encuentro personal con Jesucristo vivo (cf. 58).

3) El acompañamiento pastoral es un ejercicio de la “via caritatis”. Es una invitación a seguir “el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración” (296). Este itinerario reclama la caridad pastoral del sacerdote que acoge al penitente, lo escucha atentamente y le muestra el rostro materno de la Iglesia, a la vez que acepta su recta intención y su buen propósito de colocar la vida entera a la luz del Evangelio y de practicar la caridad (cf. 306).

4) Este camino no acaba necesariamente en los sacramentos, sino que puede orientarse a otras formas de integrarse más en la vida de la Iglesia: una mayor presencia en la comunidad, la participación en grupos de oración o reflexión, el compromiso en diversos servicios eclesiales, etc. (cf. 299).

5) Cuando las circunstancias concretas de una pareja lo hagan factible, especialmente cuando ambos sean cristianos con un camino de fe, se puede proponer el empeño de vivir en continencia. Amoris laetitia no ignora las dificultades de esta opción (cf. nota 329) y deja abierta la posibilidad de acceder al sacramento de la Reconciliación cuando se falle en ese propósito (cf. nota 364, según la enseñanza de san Juan Pablo II al Cardenal W. Baum, del 22/03/1996).

6) En otras circunstancias más complejas, y cuando no se pudo obtener una declaración de nulidad, la opción mencionada puede no ser de hecho factible. No obstante, igualmente es posible un camino de discernimiento. Si se llega a reconocer que, en un caso concreto, hay limitaciones que atenúan la responsabilidad y la culpabilidad (cf. 301-302), particularmente cuando una persona considere que caería en una ulterior falta dañando a los hijos de la nueva unión, Amoris laetitia abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía (cf. notas 336 y 351). Estos a su vez disponen a la persona a seguir madurando y creciendo con la fuerza de la gracia.

7) Pero hay que evitar entender esta posibilidad como un acceso irrestricto a los sacramentos, o como si cualquier situación lo justificara. Lo que se propone es un discernimiento que distinga adecuadamente cada caso. Por ejemplo, especial cuidado requiere “una nueva unión que viene de un reciente divorcio” o “la situación de alguien que reiteradamente ha fallado a sus compromisos familiares” (298). También cuando hay una suerte de apología o de ostentación de la propia situación “como si fuese parte del ideal cristiano” (297). En estos casos más difíciles, los pastores debemos acompañar con paciencia procurando algún camino de integración (cf. 297, 299).

8) Siempre es importante orientar a las personas a ponerse con su conciencia ante Dios, y para ello es útil el “examen de conciencia” que propone Amoris laetitia 300, especialmente en lo que se refiere a “cómo se han comportado con sus hijos” o con el cónyuge abandonado. Cuando hubo injusticias no resueltas, el acceso a los sacramentos es particularmente escandaloso.

9) Puede ser conveniente que un eventual acceso a los sacramentos se realice de manera reservada, sobre todo cuando se prevean situaciones conflictivas. Pero al mismo tiempo no hay que dejar de acompañar a la comunidad para que crezca en un espíritu de comprensión y de acogida, sin que ello implique crear confusiones en la enseñanza de la Iglesia acerca del matrimonio indisoluble. La comunidad es instrumento de la misericordia que es “inmerecida, incondicional y gratuita” (297).

10) El discernimiento no se cierra, porque “es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de manera más plena” (303), según la “ley de gradualidad” (295) y confiando en la ayuda de la gracia.

Somos ante todo pastores. Por eso queremos acoger estas palabras del Papa: “Invito a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia” (312).

Con afecto en Cristo.
Los Obispos de la Región. 5 de septiembre de 2016

Por gentileza, la nota fue enviada al Santo Padre, quien respondió valorando su contenido y pidiendo un esfuerzo para promover “una catequesis completa de la Exhortación que ciertamente ayudará al crecimiento, consolidación y santidad de la familia”.

Carta respuesta del papa Francisco a los obispos de Buenos Aires, Argentina(septiembre 2016).
Carta respuesta del papa Francisco a los obispos de Buenos Aires, Argentina(septiembre 2016).
Respuesta del Santo Padre:

Vaticano, 5 de septiembre de 2016

Mons. Sergío Alfredo Fenoy
Delegado de la Región Pastoral Buenos Aires

Querido hermano:

Recibí el escrito de la Región Pastoral Buenos Aires «Criterios básicos para la aplicación del capítulo VIII de Amoris laetítia». Muchas gracias por habérmelo enviado; y los felicito por el trabajo que se han tomado: un verdadero ejemplo de acompañamiento a los sacerdotes… y todos sabemos cuánto es necesaria esta cercanía del obispo con su clero y del clero con el obispo.

El prójimo «más prójimo» del obispo es el sacerdote, y el mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo comienza para nosotros obispos precisamente con nuestros curas.

El escrito es muy bueno y explícita cabalmente el sentido del capítulo VIII de Amoris laetitia No hay otras interpretaciones. Y estoy seguro de que hará mucho bien. Que el Señor les retribuya este esfuerzo de caridad pastoral.

Y es precisamente la caridad pastoral la que nos mueve a salir para encontrar a los alejados y, una vez encontrados, a iniciar un camino de acogida, acompañamiento, discernimiento e integración en la comunidad eclesial. Sabemos que esto es fatigoso, se trata de una pastoral «cuerpo a cuerpo» no satisfecha con mediaciones programáticas, organizativas o legales, si bien necesarias. Simplemente acoger, acompañar, discernir, integrar. De estas cuatro actitudes pastorales, la menos cultivada y practicada es el discernimiento; y considero urgente la formación en el discernimiento, personal y comunitario, en nuestros Seminarios y Presbiterios.

Finalmente quisiera recordar que Amoris laetitia fue el fruto del trabajo y la oración de toda la Iglesia, con la mediación de dos Sínodos y del Papa. Por ello les recomiendo una catequesis completa de la Exhortación que ciertamente ayudará al crecimiento, consolidación y santidad de la familia.
Nuevamente les agradezco el trabajo hecho y los animo a seguir adelante, en las diversas comunidades de las diócesis, con el estudio y la catequesis de Amoris laetitia.

Por favor, no se olviden de rezar y hacer rezar por mí.
Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Fraternalmente,
Francisco

Lo cierto es que, desde que la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia salió, el papa Francisco se mantuvo alejado de la discusión hasta la aparición del intercambio epistolar de septiembre 2016 con Mons. Fenoy, Delegado de la Región Pastoral de Buenos Aires, cuando el papa respondió a una carta de los obispos de la provincia eclesiástica de Buenos Aires, región que representa cerca del 40 por ciento de la población total argentina.

Estos obispos han estado trabajando en lo que hasta ahora ha sido una guía de 10 puntos, referida exclusivamente al capítulo octavo de Amoris Laetitia. Muchos sacerdotes locales se han interesado por lo que ha de ser la respuesta pastoral concreta que se suponía que ellos debían dar, y estas cartas llegaron a representar una respuesta a esas preocupaciones, aun cuando muchos se habían percatado de que las recomendaciones allí contenidas estaban aun incompletas y no preparadas para su divulgación.

El día 8 de septiembre varios miembros del clero de Buenos Aires fueron invitados a discutir los puntos, incluyendo al cardenal Mario Poli, seleccionado por el Papa como su sucesor en su antigua diócesis.

Ese mismo día 8 de septiembre el website español InfoCatólica publicó esas directrices y el mensaje epistolar adjunto de aprobación por parte de Francisco. Además, el domingo 11 por la noche, el blog italiano Il Sismografo, con frecuencia considerado como un sitio oficioso de noticias del Vaticano, publicó los dos documentos en su totalidad y en español. Y el lunes 12 L’Osservatore Romano publicó parte de los documentos en italiano.

En las directrices, éstos obispos afirman que ‘no es conveniente hablar de “permiso” para recibir los sacramentos’, sino de un proceso personal y pastoral de discernimiento. No obstante, el hecho de que el camino personal tiene que ser hecho con el acompañamiento de un sacerdote significa que una persona divorciada y vuelta a casar, por sí sola no puede decidir sobre su situación y conocer las excepciones insinuadas, complicadas y tan difícilmente determinables.

***

Fuentes:

El Calvario del Padre Massimiliano Pusceddu: “Re-educación”

P. Massimiliano Pusceddu, Párroco en Vallermosa, Cerdeña.
P. Massimiliano Pusceddu, Párroco en Decimoputzu, Vallermosa, Cerdeña.

MARCO TOSATTI

¿Ud. recuerda a Don Massimiliano Pusceddu, el sacerdote de Cagliari sometido a un linchamiento mediático -basado en una patraña- y reducido al silencio y a la vida privada por su arzobispo, Monseñor Arrigo Miglio?

Vamos a refrescar la memoria. Era en junio del año pasado, cuando se recrudecía la batalla de las denominadas uniones civiles y Don Pusceddu en una homilía cita un pasaje de la carta de san Pablo a los Romanos, en la cual el apóstol de los gentiles, después de lanzar dardos contra el comportamiento homosexual concluye: “Y pues conociendo el juicio de Dios, (…) que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican”.* Inmediatamente un periódico escribió que Don Pusceddu había dicho que los homosexuales merecen la muerte.

El texto de san Pablo es muy duro: “Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza. Del mismo modo, los hombres dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío. Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe. Están llenos de toda clase de injusticia, iniquidad, ambición y maldad; colmados de envidia, crímenes, peleas, engaños, depravación, difamaciones. Son detractores, enemigos de Dios, insolentes, arrogantes, vanidosos, hábiles para el mal, rebeldes con sus padres, insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Y a pesar de que conocen el decreto de Dios, que declara dignos de muerte a los que hacen estas cosas, no sólo las practican, sino que también aprueban a los que las hacen”.**

Cosa seria, especialmente en el clima cultural vigente. Don Pusceddu criticaba los matrimonios entre personas del mismo sexo, y afirmaba que no se puede complacer al mundo: “Tenemos la Palabra de Dios -dijo- y desde aquí debemos partir, debemos predicar aquello que está escrito ahí”.

La campaña de agresión mediática obtuvo éxito. Mons. Arrigo Miglio se expresó en un comunicado: prohibido indefinidamente de predicar y de tomar posiciones públicas; cierre del canal de YouTube con sus homilías; desautorización pública para el sacerdote y disculpa del obispo a todo el mundo gay.

Padre Massimiliano Pusceddu y Arzobispo de Calgary, Mons. Arrigo Miglio.
Padre Massimiliano Pusceddu y Arzobispo de Cerdeña Mons. Arrigo Miglio.

Pero lo que me dicen fuentes bien informadas de la isla, no todo termina ahí.

En los últimos días Mons. Miglio ha llamado a Don Pusceddu. En resumen, según lo que el sacerdote le confió a un amigo, el tono de la conversación fue el siguiente: “Si desea un nuevo encargo en qué desempeñarse, Ud. tiene que cambiar la forma en que predica. Debe cambiar su ‘teología’. Ud. tiene que modernizarse. Mientras, quítese esa sotana (Don Pusceddu usa hábito talar, N.D.R.) y vista de modo más cercano a la gente. Puedo hacer que tenga una experiencia de unos pocos meses en una comunidad… donde aprenda el nuevo modo de estar en la Iglesia de hoy. Porque esa visión suya de la Iglesia ya está superada. Ud. tiene poco más de 40 años… ¿desea estar marginado de por vida?”

Don Pusceddu habría respondido que no, gracias, que prefería tratar de seguir a Cristo, a los tesoros de Egipto. A lo que Mons. Miglio parece que tuvo una carcajada y lo habría despedido.

Entre otras cosas, Don Pusceddu, no teniendo trabajo alguno -pues le habría sido quitado por el obispo- no tiene ingresos.

Si la confidencia hecha al amigo es cierta -y no conociendo yo personalmente a Don Pusceddu ni creyendo que el confidente sea un propagador de patrañas- estamos frente a una re-educación, misericordiosa e incluso un poco de estalinista. Y al final, quién sabe en cuál “comunidad”, tal vez una cercana a los organizadores del Orgullo Gay de Cerdeña, autores de aquél “hermoso” spot publicitario que involucraba a un niño pequeñito…

***

(*): Rom. 1:32 (iniciado según la literal de Rom. 2:2 de acuerdo al texto en lengua castellana).

(**): Rom. 1:26-32

Fuente: MARCO TOSATTI, Stilum Curiae (6 de enero de 2017).

Católicos Alerta, Arzobispo de Cerdeña sanciona a sacerdote por citar en un sermón el pasaje de la Epístola de San Pablo.

¿Una iglesia en “cisma de facto”? Historia de tres papas

3popesJASON KIPPEN*

Hay señales preocupantes en todo el mundo católico y, particularmente, en Roma. Incluso se podría decir que las nubes de tormenta sobrevuelan la Ciudad Eterna. En mi opinión, estamos aproximándonos a un momento de inmensa oscuridad, pero en otro lado de esta tribulación podrían aguardar grandes frutos para la iglesia debido a que con frecuencia el martirio espiritual precede los períodos de renovación de la iglesia.

Con los dos últimos sínodos que produjeron la exhortación Amoris Laetitia, hemos sido testigos de frentes de batalla formados entre neo-católicos, facción progresista, y los ortodoxos, ala tradicional de nuestra iglesia. Durante el pontificado de san Juan Pablo II, la facción más liberal libró guerra con él y sus seguidores, pero nunca alcanzaron plenamente sus objetivos. ¿Por qué? Más allá de haber sido el Soberano Pontífice, también era un actor global de inmenso talento que constituía la principal fuerza que provocó la caída del telón de acero. Karol Wojtyla combatió todos los ismos de su época: el nazismo, el comunismo e incluso el liberalismo en su propia iglesia. Los progresistas no se atrevieron a desafiar a un hombre que era visto como un libertador y un santo en vida.

Después que san Juan Pablo El Grande murió, el velo fue levantado en la guerra que se libraba entre los progresistas y los ortodoxos. Su sucesor, Benedicto XVI, no poseía el encanto de teflón del que el papa polaco disfrutó. Las controversias atascaron a Benedicto XVI hasta la infección, abriendo la brecha entre las dos facciones a la vista de todo el orbe, cuando la izquierda católica se sintió envalentonada para atacar en todos los frentes.

Tras la renuncia papal vino el papa Francisco cuyo estilo espontáneo era todo lo contrario de su predecesor y deleitó al ala progresista que añoró un cambio radical. Señales preocupantes fueron vistas desde el principio cuando Francisco dijo que la iglesia se obsesiona demasiado con el aborto, con el llamado matrimonio homosexual, y con la anti-concepción. Este tipo de declaración fue directamente a contracorriente de aquellos cuya fe adquirió forma durante el pontificado de Juan Pablo II.

Más desafortunados comentarios pronto vinieron del papa Francisco, tales como el de acusar a fieles católicos de ser “rígidos”, así como de estar siendo “ensimismados, prometéicos y neo-pelagianaos” Allí estaban las purgas de eclesiásticos que no estaban de acuerdo con él, incluidos los eminentes cardenales Burke y Sarah. La lista de desaires a líderes católicos de la inclinación tradicional es demasiado numerosa para catalogarla aquí.

familiarisAhora tenemos la dubia de los cuatro valientes cardenales que han pedido aclaración al Santo Padre sobre los controvertidos temas derivados de la exhortación Amoris Laetitia y lo que ellos perciben como un distanciamiento de la doctrina establecida. A decir verdad, realmente no había ninguna razón para los dos sínodos y la Amoris Laetitia debido a que estas materias ya estaban conformadas por dos milenios de historia de la iglesia, y habían sido plenamente articuladas en la Familiaris Consortio (1981) de Juan Pablo II, que habló directa y exhaustivamente de las cuestiones de la familia. La muy debatida propuesta del cardenal Kasper para admitir a la comunión de los divorciados y vueltos a casar, que Amoris Laetitia acaba proponiendo, ya se había establecido en  Familiaris Consortio.

A lo que Amoris Laetitia está dirigida a lograr es a ir directamente al corazón del catolicismo. La exhortación, en varios modos, ha fracturado la universalidad de la iglesia, al permitir diferentes doctrinas de la Eucaristía a ser impartidas por los obispos en diferentes naciones. La interpretación alemana de la comunión para los divorciados vueltos a casar es diferente a la interpretación de su vecina Polonia y diferente de la de África. Incluso en los Estados Unidos estamos viendo diferentes interpretaciones entre diversas regiones del país. El arzobispo Chaput está tomando una línea similar a la Familiaris Consortio, mientras que el obispo McElroy de San Diego va con el enfoque más liberal del cardenal Kasper.

Durante esta misma semana, el cardenal Burke declaró que el próximo año, si el dubia no es contestada por el papa; habrá una corrección formal emitida por él, y estoy sospechando que incluirá a otros miembros de la jerarquía que aún no han aparecido en registro, pero que simpatizan con esa iniciativa. Si bien no es la creación de un cisma, la corrección va a exacerbar aún más la profunda fisura dentro de las filas del mundo católico. El papa Francisco, junto a sus colaboradores en el Vaticano, no tiene intención de responder la dubia. La disolución de la doctrina era el final del juego, o ellos nunca habrían redirigido el tema que ya estaba resuelto y meramente reafirmado en Familiaris Consortio.

Creo que después de la corrección se producirá una brecha aún mayor. Más católicos ortodoxos buscarán parroquias y medios de comunicación que afirmen su posición, al igual que los católicos progresistas. Mayor pronunciamiento de “guetto” católico va a emerger, y una división más profunda entre las facciones. Un cisma formal no será proclamado porque de facto hemos estado viviendo un cisma desde el cierre de la última sesión del Concilio Vaticano II y la protesta masiva de la intelligentsia liberal contra la Humanae Vitae.

familia

Al principio de este artículo me referí a una renovación de la iglesia. Aquellos que se adhieren a la fe y que no ceden a las tendencias actuales podrían convertirse en un modelo para los fieles durante esta crisis. Esto no va a ser el final de los progresistas, incluso ahora el cardenal Kasper está hablando de “intercomunión” con otras denominaciones religiosas. Ellos van a querer una suavización de nuestra postura sobre el aborto y el llamado “matrimonio” homosexual, pero en algún momento Francisco o un sucesor tendrán que defender lo que la iglesia siempre ha defendido en el pasado. En ese momento, con esos mencionados fieles se contará para la reconstrucción requerida por los efectos del actual caos.

Algunos han hablado de una “Opción Benedictina” o una “Opción Dominica” de cara al futuro incierto de nuestra iglesia. Sin embargo, me gusta pensar en la búsqueda de la “Opción Juan Pablo II”, una evangelización radical del mundo simultánea a una adhesión inmediata a las verdades eternas de Cristo y Su iglesia.

Elevo oraciones para que la actual crisis se disipe, y elevo oraciones por el Santo Padre. Rezo para que santo Tomás Moro, que perdió su vida defendiendo la fe con relación al tema del divorcio y el casamiento subsiguiente, interceda en nombre del papa, revelándole a éste la sabiduría de su predecesor Juan Pablo II.

Fuente: JASON KIPPEN, The Christian Review, 23.XII.2016

kippen(*): Jason Kippen es padre de familia, esposo, escritor. Republicano conservador, activista pro-vida de Nueva York. Master en Gerencia de Recursos Humanos por la Universidad de Connecticut. Interprete Social, aboga por autistas y asiste personas en el espectro a encontrar empleos significativos. Twitter: @Jason_Kippen – http://www.spectrumemployees.com/

El Cardenal Müller alerta sobre las ‘ideologías que presionan para cambiar la doctrina católica’

Cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, de la Comisión Teológica Internacional y de la Pontificia Comisión Bíblica.
Cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, de la Comisión Teológica Internacional y de la Pontificia Comisión Bíblica.

ANDREA GAGLIARDUCCI

“La ideología es siempre un gran intento de someter la Palabra de Dios y la Doctrina de la Iglesia al prejuicio de los propios pensamientos, con el objetivo de obtener un poder manipulador en los fieles y sus vidas”, ha defendido el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Müller, alertó ante las ideologías y sus presiones que, desde la conclusión del Concilio Vaticano II, han buscado cambiar la doctrina católica.

El Purpurado ha hablado sobre este tema en una conferencia en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma el pasado 14 de diciembre, al presentar un volumen de la opera omnia de Joseph Ratzinger/ Benedicto XVI en el que se recopilan sus escritos relativos al Concilio Vaticano II y cuya curaduría está a cargo del Cardenal Müller.

El Prefecto ha explicado que, luego del Concilio, “la esperada renovación pentecostal fue reemplazada por la perspectiva de una confesión ‘babilónica’ de la fe y por el intento de contradecir el pensamiento de la escuela teológica”.

Todo esto, dijo, “no era obra del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo siempre escucha a la Iglesia en amor y verdad. Renunciar a la fe y combatirla, así como la división de la Iglesia que le siguen, son frutos de otro espíritu que no es el Espíritu de Dios”.

El Purpurado explicó también que “la ideología es siempre un gran intento de someter la Palabra de Dios y la Doctrina de la Iglesia al prejuicio de los propios pensamientos, con el objetivo de obtener un poder manipulador en los fieles y sus vidas”.

Por el contrario, precisó, la teología es distinta porque es “la reflexión humilde de la fe que emerge de la escucha de la Palabra de Dios”.

Por esta razón, “cualquier temor de que el Concilio pueda provocar un quiebre con la Tradición de la Iglesia no es solo herético sino que desmantelaría el significado de la mediación sobrenatural”.

En su saludo navideño a la curia el 22 de diciembre de 2005, Benedicto XVI formuló la expresión “hermenéutica de la continuidad”. Al respecto, el Cardenal Müller resaltó que “sin una hermenéutica de la continuidad y de la reforma, la Iglesia se secularizaría a sí misma y se convertiría en algo similar a una organización humanitaria”.

Si eso llegase a pasar, alertó, “no habría razón entonces en ser parte de la Iglesia”.

“La hermenéutica de la reforma y la continuidad no es sino la hermenéutica de la fe y es testimoniada por las Sagradas Escrituras, que vive en la tradición apostólica interpretada por el auténtico magisterio. Ciertamente, la Iglesia está fundada sobre la revelación y no sobre el magisterio”.

El Purpurado alemán dijo que “habiendo visto los desarrollos del siglo XX, vemos que la ideología no es sino el reclamo de algunos seres humanos para dominar la consciencia moral de la gente”.

“La renovación y el mainstream son los signos de las resistencias ideológicas que se levantan contra la consciencia de Dios”.

Estas ideas, explicó, “pueden atisbarse en las raíces filosóficas de la Iluminación, el idealismo y el materialismo, algo que se puede comprobar en el giro ideológico que Europa ha vivido en los últimos siglos”.

“El asunto finalmente es si el hombre realmente puede encontrar sus cimientos en su autorrealización sin reconocer su lazo constitutivo con el creador y reconciliador soberano”, concluyó.

Fuente: ANDREA GAGLIARDUCCI, Aciprensa, 21.XII.2016

Caffarra: ‘Hay dos interpretaciones contradictorias en Amoris Laetitia, el texto no es claro’

Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo emérito de Bologna, Italia.
Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo emérito de Bologna, Italia.

Por GABRIEL ARIZA

El cardenal arzobispo emérito de Bolonia ha respondido a las preguntas de Infovaticana sobre la polémica alrededor de Amoris Laetitia. “Menos doctrina significa una Iglesia más ignorante y menos capaz de dar respuesta a las grandes preguntas”.

El cardenal Carlo Caffarra, arzobispo emérito de Bolonia y fundador del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia, ha ofrecido una rueda de prensa en la Universidad Católica de Ávila (UCAV) con ocasión de su conferencia “Matrimonio y Libertad”.

El cardenal Caffarra, que comenzó su intervención disculpándose por su castellano, explicó su presencia en Ávila para hablar de un tema que considera de suma importancia: el actual debate sobre el matrimonio y la familia, es decir, la relación entre el matrimonio y la libertad.

Preguntado por este portal acerca de la interpretación adecuada de Amoris Laetitia, el cardenal Caffarra ha respondido que la exhortación apostólica es muy clara sobre la doctrina de la indisolubilidad, la naturaleza y sacramentalidad del matrimonio.

Respecto al problema de los divorciados vueltos a casar y del acceso a los sacramentos, Caffarra piensa que Amoris Laetitia no ha cambiado la disciplina ni la doctrina pasada. “Por una razón muy simple, si el Santo Padre hubiera tomado una decisión tan grave como esta, era necesario decirlo expresamente, y no en una nota al pie”, explica.

Sin embargo, el prelado añade que no sería honesto si no tuviera presente un hecho: hay dos interpretaciones contradictorias, en conflicto, sobre los mismos epígrafes de Amoris Laetitia. “El arzobispo de Filadelfia y el de Chicago, por ejemplo, lo interpretan de manera diferente, en la misma nación. El obispo de Phoenix dice lo que dice el arzobispo de Filadelfia. Me limito a EEUU…”, afirma Caffarra.

Sobre la famosa carta del Papa Francisco a los obispos de Buenos Aires, Caffarra señala que el magisterio del Santo Padre, válido para toda la Iglesia y que obliga a todos los creyentes, no puede manifestarse en una carta privada.

“Aquí, debemos decir que el texto no es claro, porque los obispos están interpretándolo de manera no diferente, sino contradictoria“, subraya, al tiempo que añade que hay un conflicto y que la autoridad que debe decir cuál es la interpretación auténtica es el Papa, que hasta el momento no lo ha hecho, afirma Caffarra, preguntándose por qué.

El cardenal Caffarra también ha recordado que el Papa Francisco ha hablado de “una guerra mundial contra el matrimonio”, ya que existe un conflicto entre la concepción de la libertad que no puede tener vínculos y la libertad que la Iglesia piensa como capacidad de amar y de entregarse por siempre.

Según explica Caffarra, en las legislaciones occidentales, el matrimonio se está convirtiendo en un contrato meramente privado y el divorcio, después de ser una institución para los casos extremos y trágicos, ahora es un hecho corriente y ordinario. Cada vez se tiene más la idea de que hoy los esposos pueden decir “somos esposos si y mientras decidamos libremente serlo”.

En el fondo de esta situación hay una idea y una experiencia de la libertad que fue expresada por primera vez por el teólogo español Luis de Molina, nacido en Cuenca en 1536. Una nueva idea y una nueva experiencia de libertad que sostiene que somos libres si no tenemos vínculos, que somos libres si no pertenecemos a otros.

Esta concepción hace menos comprensible la propuesta cristiana del matrimonio y este el gran problema de la Iglesia hoy respecto al matrimonio, según sostiene el cardenal Caffarra. La Iglesia cree que la libertad es capacidad de amar y de entregarse por siempre.

La actitud de la Iglesia ante esta situación, en opinión de Caffarra, no debe ser simplemente resignarse a ofrecer el matrimonio a quien lo pida, siempre cada vez menos, sino que debe poner en marcha dos estrategias. La primera, como pide el Papa en Amoris Laetitia, hacer una verdadera pastoral del vínculo conyugal.

La segunda de estas estrategias supone poner en marcha un fuerte proceso educativo, en el cual la Iglesia desarrolle dos tareas: convertirse en la “comadrona” que ayuda al hombre a nacer a sí mismo y a comprender quién es el hombre y ayudar a las personas a realizarse de un modo verdaderamente libre y libremente verdadero. Esta ayuda la ofrece a través de los medios sobrenaturales de la salvación, que la Iglesia pone a disposición del hombre.

Ante la pregunta de InfoVaticana sobre que algunos católicos se sienten huérfanos de sus pastores ante la colonización ideológica y la amenaza de la ideología de género, el cardenal Caffarra responde que en las comunidades cristianas comienza a circular una idea: menos doctrina, más pastoral. Cuando en realidad, apunta el prelado, menos doctrina significa una Iglesia más ignorante y menos capaz de dar respuesta a las grandes preguntas.

Fuente: GABRIEL ARIZA, Infovaticana, 11.XI.2016

Francisco, la Curia y el gobierno. Episodios de perplejidad. ¿Pero, éste papa es bueno?

fanfaPor MARCO TOSATTI

Ahora los reproches del Papa a la Curia no sorprenden a nadie. Digamos que han tomado un tono casi ritual. A partir de la lectura de sus palabras parece haber arremetido contra eventuales resistencias a la reforma de la curia. Pero esto puede causar perplejidad. Hasta ahora, la reforma se había centrado sobre el afianzamiento de algunas comisiones pontificias, dicasterios y en el lanzamiento de la nueva Secretaría de Comunicaciones, pero parece que ninguna de estas iniciativas había suscitado particulares descontentos. Y es que el progresivo despojo de algunas grandes prerrogativas de la Secretaría de Economía, que el mismo Papa le había asignado, sobrevino con el consentimiento del Pontífice mismo, e incluso allí no parece que las principales partes interesadas se hayan encadenado a los portones de San Pedro. Quienes alcanzaron a maniobrar para recuperar el dinero y el poder que el primer Motu Proprio lucía sustraerles están bien satisfechos. Y el cardenal Pell aunque se sienta un poco traicionado, y quizá un poco ingenuo, por haber creído en las exhortaciones tipo “avance sin mirar a nadie al rostro”, provenientes de “Alto Sitio”, absorbió el golpe como viejo atleta australiano.

Quizá la ira del soberano tenía otras razones y metas

Lo que se percibe en la Curia es diferente; y no es de resistencia de lo que se trata, sino de temor, descontento y sentimientos que se colocan en otro contexto.

Diversos episodios se nos han hecho saber por una fuente digna de fe. Vamos a reportar un par de ellos, sin comentarios.

El primero se refiere a los nombramientos episcopales. Fue hace algún tiempo para hacer un obispo, no en Italia. El nuncio había preparado la terna. Un cardenal, jefe de dicasterio, quizá el mismo titular de la Congregación para los Obispos, durante la asamblea ordinaria tomó la palabra diciendo: el primer candidato indicado es óptimo, el segundo es bueno, pero yo advertiría sobre el tercero, al que conozco bien desde que éste era seminarista, y que presenta problemas tanto en términos de la doctrina como de la moral, respondiendo poco a los criterios necesarios. Pero éste tercero era amigo de alguien; y un otro purpurado, del círculo en el poder en vigencia, criticó a su colega cardenal acusándolo de inexactitud y equivocación. La reunión se cerró sin más decisiones. Sin embargo, al siguiente día el secretario personal del Pontífice se presentó en la Congregación diciendo que la elección recayó sobre el tercero.

Otro caso es considerablemente más triste: Un jefe de dicasterio recibió -sin explicaciones- la orden de deshacerse de tres de sus empleados (que trabajaban en el Vaticano desde hacía varios lustros), recibiendo la carta oficial así: “Por venerable encargo, le ruego que haga dimitir…” La orden fue: vuelva a mandarlos de nuevo a la diócesis o familia religiosa de pertenencia. Y así el destinatario de la orden quedó muy perplejo, porque se trataba de óptimos sacerdotes y personas de las más capaces profesionalmente. De tal modo que, evitando obedecer, pidió repetidas veces audiencia al Papa. Tuvo que trasladarse y esperar, ya que en varias ocasiones asistía y el encuentro era aplazado. Finalmente fue recibido y dijo: Santidad, he recibido éstas cartas, pero no he hecho nada, ya que estas personas están entre los mejores de mi dicasterio … ¿qué cosa han hecho? La respuesta fue: y yo soy el papa, y no debo dar razones a ninguno de mis decisiones. Decidí que deben irse, y deben irse. Se levantó y extendió la mano, lo que significó que la audiencia había terminado. El 31 de diciembre dos de los tres van a dejar el dicasterio en el que trabajaron durante años, sin saber porqué. Para el tercero, al parecer, se estableció una prórroga, pero solapada hay una vuelta que si es cierta, como parece, es aún más desagradable. Uno de los otros dos se expresaba libremente, tal vez demasiado, sobre algunas decisiones del Papa, y alguien, un amigo cercano de otro muy estrecho colaborador del Papa, escuchó e informó. La víctima recibió una llamada telefónica muy dura desde el Número Uno. Y luego se van.

¿Pero los chismes no eran un anatema en el reinado del papa Bergoglio?

El torpe intento de investir una comisión de investigación a un sujeto de derecho internacional, tal como la Orden de Malta, independiente de la Santa Sede, con el cual se intercambian embajadores, y que como consecuencia no puede ser investigado desde el exterior, es otro de los síntomas de la fiebre autocrática que parece impregnar al Vaticano.

No es de extrañar si el clima, detrás de los muros y palacios, no es del todo sereno. Y es de preguntarse: ¿cuál crédito se puede dar a toda esa fanfarria de la misericordia?

MARCO TOSATTI, Stilum Curiae, 26-XII-2016

¿«Amoris Laetitia» es realmente tomista? Una Breve nota sobre el «Tomismo» y las afirmaciones morales

Padre Basil B. Cole, OP, dominico, prior de Santa Gertrudis (Cincinnati - USA). Doctor en teología y filosofía. Profesor universitario. Autor de numerosos libros y colaborador de Germain Grisez en la obra de teología moral «The Way of the Lord Jesus»
Padre Basil B. Cole, OP, dominico, prior de Santa Gertrudis (Cincinnati – USA). Doctor en teología y filosofía. Profesor universitario. Autor de numerosos libros y colaborador de Germain Grisez en la obra de teología moral «The Way of the Lord Jesus»

Debido a su gran sabiduría y autoridad, el nombre de santo Tomás de Aquino es utilizado muchas veces para reforzar las afirmaciones de los teólogos, utilizándolo incluso en defensa de ‘Amoris Laetitia’. Si alguien tiene al Doctor Angélico de su parte, entonces es que ese alguien lo está haciendo estupendamente.

De esta situación surgen las preguntas sobre qué clase de afirmaciones y documentos garantizan poder calificar de ‘tomista’ algo y cómo puede justificarse razonablemente dicho apelativo.

Las siguientes puntualizaciones podrían ser útiles para resolver esas preguntas.

PRIMERA: algo podría calificarse como ‘tomista’ porque sigue la metodología perfeccionada por Aquino. Como muchos otros autores, Tomás utilizó muchas formas diferentes de ‘hablar’, según los temas y las ocasiones.

Él realizó comentarios a la Sagrada Escritura y también trabajos teológicos; sermones sobre el Credo; una exposición clara y directa de la teología en su “Suma contra Gentiles” (SCG) y así otros muchos.

Pero su máxima y más valiosa aportación es la “Suma Teológica” (ST). Aquí, él se hace cientos de preguntas literalmente, y siempre las contesta a la luz de la tradición católica –especialmente la Sagrada Escritura y los santos Padres-, junto con la ayuda de una sólida filosofía. Algunas veces dice ‘SI’, otras ‘NO’, pero siempre da una útil distinción cuando dice ‘SI’ de una manera, pero ‘NO’ de otra. A él le gustaba la claridad. Como dijo, el trabajo de un sabio es “poner orden y decidir”, esto es, meditar sobre la verdad, enseñársela a los demás de una manera ordenada y refutar las falsedades opuestas (ver ST I, q. 1, a.6, c y nota 2; SCG I, c. 1).

SEGUNDA: algo podría decirse ‘tomista’ porque sigue las enseñanzas reales de Tomás. Esto puede, sin embargo, tener resultados variados. Algunas veces, pero muy raramente, seguir a Aquino puede llevar a una persona al error. Este podría ser el caso de alguien negase el dogma de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, basado en que Tomás lo negó. De la misma forma, otra persona se equivocaría apoyando el aborto, basada en que Aquino creía en la tardía humanización del embrión humano (ver ST I, q. 118, a. 2 y nota 2). Ambos casos han sido ampliamente aclarados por la Iglesia desde que Tomás escribió sus razones contrarias (ver la Encíclica ‘Ineffabilis Deus’ del Papa Pio IX y el nº 57 de la ‘Evangelium vitae’ de san Juan Pablo II).

En estos dos casos nosotros tenemos que seguir la enseñanza de la Iglesia sin hacer interpretaciones interesadas de los escritos de Tomás de Aquino.

La enseñanza magisterial no depende intrínsecamente de las opiniones de santo Tomás de Aquino, sino de la Sagrada Escritura y de la Sagrada Tradición, interpretadas en continuidad con las enseñanzas anteriores y a la luz del pensamiento más ortodoxo. Al final, seguir la Tradición es la posición tomista más auténtica, ya que él se opuso a toda posición doctrinal que no fuera fiel a la divina revelación y a las enseñanzas vinculantes de la Iglesia.

Otro embrollo en el que se puede tropezar es cuando se cita a Tomás por partes o sin hacer alusión completa a su proyecto teológico. Santo Tomás no fue otra cosa sino un pensador completo, claro y firme. Picotear y elegir afirmaciones suyas sin tener en cuenta el contexto y su relación con sus demás relevantes ideas sería tan desastroso como tomar un versículo de la Sagrada Escritura que excluido de su contexto parece aseverar un punto concreto de lo que se argumenta aunque en su realidad contextual dice lo contrario de lo que se pretende probar. Uno podría suponer que una situación ética es apoyada por Aquino cuando él dice “que en temas de actuación, la rectitud verdadera o práctica no es la misma para todos, como en los temas de detalle, pero solo en relación con los principios generales; y donde existe la misma rectitud en temas de detalle, ello no es igualmente conocido por todos. […] Se verá que el principio falla, según descendemos más y más a los detalles” (ST I-II, q. 94, a. 4; citado en el número 304 de ‘Amoris laetitia’). Aislado de otras afirmaciones de Tomás, se tendría la impresión de que el Doctor de la Iglesia estaría diciendo que no existen las norma morales absolutas y que un cierto discernimiento es necesario en todas y cada una de las situaciones para saber si existe o no un principio moral general aplicable a cada una de esas situaciones. Sin embargo, este no es el verdadero ‘tomismo’.

La ética de las situaciones contradice las firmes declaraciones de santo Tomás de que existen normas morales siempre válidas para todos: estos son los preceptos del Decálogo (ST I-II, q. 100, a. 8), y todos los preceptos negativos universales, porque condenan actos que son “malos en sí mismos y no pueden convertirse en bien” (ST II-II, q. 33, a. 2). Él cita, específicamente, que “uno no puede cometer adulterio para ningún bien” (‘De Malo’, q. 15, a. 1, nota 5). Siguiendo el mismo tema, Aquino mantiene que ciertos actos “tienen la deformación –maldad- unida inseparablemente a ellos mismos, tales como la fornicación, el adulterio y otros de esta clase, los cuales en manera alguna pueden realizarse de forma moralmente buena” (‘Quodlibet’ 9, q. 7, a. 2).

La razón de estas normas excepcionales es que la naturaleza humana no cambia, ni lo hace el Evangelio y el mandato a la Iglesia de transmitir ese Evangelio sin mancha a través de los siglos. Ciertas normas positivas necesitan adaptarse a los tiempos, por ejemplo, algunas en relación con el medio ambiente. En tales casos, la enseñanza magisterial se adapta a las condiciones cambiantes, pero siempre sin contradecir la razón y las verdades ya articuladas por la Iglesia.

op

FINALMENTE, con una teología moral tomista, se puede abrazar una posición auténtica de Tomás y beneficiarse de las ideas que ofrece para iluminar las verdades de la fe mantenidas permanentemente por la Iglesia. Por ejemplo, él explica la relación entre la Sagrada Eucaristía y el Sacramento de la Penitencia.

Santo Tomás construye sobre las enseñanzas de san Pablo: ‘De modo que quien como del pan o beba del cáliz del Señor indignamente, es reo del cuerpo y de la sangre del Señor’ (I Cor XI, 27). Aquino dice, “la Sagrada Comunión no debe ser repartida a los pecadores públicos cuando la soliciten […] Un sacerdote que tiene conocimiento del pecado puede privadamente advertir al pecador no público, o advertir públicamente que no pueden acercarse a la mesa del Señor los pecadores hasta que se arrepientan de sus pecados y se hayan reconciliado con la Iglesia” (ST III, q. 80, a. 6). Más aún, Tomás declara que cualesquiera que sean las razones de una persona para practicar el sexo fuera del matrimonio, “sus acciones realizadas simplemente por placer son siempre voluntarias”, por lo que nunca puede decir que ha habido razones externas a él que le han obligado a pecar (ST II-II, q.142, a. 3).

Una vez que una persona peca habitualmente contra el matrimonio de esta manera y desarrolla el vicio de la intemperancia, su razón se obscurece y se convierte en esclavo de sus pasiones (ST II-II, q. 142, a. 4). Tal persona no es capaz de recibir fructuosamente los sacramentos hasta que se arrepienta de todos sus pecados y se decide a un esfuerzo determinado para evitar las ocasiones próximas de pecado: “pertenece a la penitencia detestar los pecados pasados y el propósito, al mismo tiempo, de cambiar su vida para lo mejor” (ST III, q. 90, a. 4).

La enseñanza de santo Tomás es clara: una persona no debe recibir la Sagrada Comunión o la absolución de sus pecados, sino está decidido a cambiar su vida y abandonar el pecado público, incluyendo el sexo activo con una persona que no es su cónyuge sacramental, pecado de escándalo que pueden llevar a otros a pecar (ST II-II, q. 43, a. 1).

Resumiendo, la carga de la prueba queda a cargo del que pretende ondear la bandera del ‘Tomismo’ sobre su edificio moral. Pero aun esto no es suficiente para un gesto de aprobación por parte de Dios. Puede uno ser ‘tomista’ en metodología o en contenido, pero lo que es más importante es ser fiel a las enseñanzas de Cristo tal como se contienen en la Sagrada Escritura y en la Sagrada Tradición tal como han sido entregadas de mano en mano a través de la perenne enseñanza de la Iglesia, porque “los Apóstoles y sus sucesores son vicarios de Dios en el gobierno de la Iglesia que está construida sobre la fe y los sacramentos de fe. De donde, así como ellos no pueden instituir otra Iglesia, así tampoco pueden entregar otra fe, ni instituir otros sacramentos” (ST III, q. 64, a. 2, nota 3).

Fuente: Ordo Predicatorum e Infocatólica

Boletín en castellano de información y opinión del orbe católico