¿Una iglesia en “cisma de facto”? Historia de tres papas

3popesJASON KIPPEN*

Hay señales preocupantes en todo el mundo católico y, particularmente, en Roma. Incluso se podría decir que las nubes de tormenta sobrevuelan la Ciudad Eterna. En mi opinión, estamos aproximándonos a un momento de inmensa oscuridad, pero en otro lado de esta tribulación podrían aguardar grandes frutos para la iglesia debido a que con frecuencia el martirio espiritual precede los períodos de renovación de la iglesia.

Con los dos últimos sínodos que produjeron la exhortación Amoris Laetitia, hemos sido testigos de frentes de batalla formados entre neo-católicos, facción progresista, y los ortodoxos, ala tradicional de nuestra iglesia. Durante el pontificado de san Juan Pablo II, la facción más liberal libró guerra con él y sus seguidores, pero nunca alcanzaron plenamente sus objetivos. ¿Por qué? Más allá de haber sido el Soberano Pontífice, también era un actor global de inmenso talento que constituía la principal fuerza que provocó la caída del telón de acero. Karol Wojtyla combatió todos los ismos de su época: el nazismo, el comunismo e incluso el liberalismo en su propia iglesia. Los progresistas no se atrevieron a desafiar a un hombre que era visto como un libertador y un santo en vida.

Después que san Juan Pablo El Grande murió, el velo fue levantado en la guerra que se libraba entre los progresistas y los ortodoxos. Su sucesor, Benedicto XVI, no poseía el encanto de teflón del que el papa polaco disfrutó. Las controversias atascaron a Benedicto XVI hasta la infección, abriendo la brecha entre las dos facciones a la vista de todo el orbe, cuando la izquierda católica se sintió envalentonada para atacar en todos los frentes.

Tras la renuncia papal vino el papa Francisco cuyo estilo espontáneo era todo lo contrario de su predecesor y deleitó al ala progresista que añoró un cambio radical. Señales preocupantes fueron vistas desde el principio cuando Francisco dijo que la iglesia se obsesiona demasiado con el aborto, con el llamado matrimonio homosexual, y con la anti-concepción. Este tipo de declaración fue directamente a contracorriente de aquellos cuya fe adquirió forma durante el pontificado de Juan Pablo II.

Más desafortunados comentarios pronto vinieron del papa Francisco, tales como el de acusar a fieles católicos de ser “rígidos”, así como de estar siendo “ensimismados, prometéicos y neo-pelagianaos” Allí estaban las purgas de eclesiásticos que no estaban de acuerdo con él, incluidos los eminentes cardenales Burke y Sarah. La lista de desaires a líderes católicos de la inclinación tradicional es demasiado numerosa para catalogarla aquí.

familiarisAhora tenemos la dubia de los cuatro valientes cardenales que han pedido aclaración al Santo Padre sobre los controvertidos temas derivados de la exhortación Amoris Laetitia y lo que ellos perciben como un distanciamiento de la doctrina establecida. A decir verdad, realmente no había ninguna razón para los dos sínodos y la Amoris Laetitia debido a que estas materias ya estaban conformadas por dos milenios de historia de la iglesia, y habían sido plenamente articuladas en la Familiaris Consortio (1981) de Juan Pablo II, que habló directa y exhaustivamente de las cuestiones de la familia. La muy debatida propuesta del cardenal Kasper para admitir a la comunión de los divorciados y vueltos a casar, que Amoris Laetitia acaba proponiendo, ya se había establecido en  Familiaris Consortio.

A lo que Amoris Laetitia está dirigida a lograr es a ir directamente al corazón del catolicismo. La exhortación, en varios modos, ha fracturado la universalidad de la iglesia, al permitir diferentes doctrinas de la Eucaristía a ser impartidas por los obispos en diferentes naciones. La interpretación alemana de la comunión para los divorciados vueltos a casar es diferente a la interpretación de su vecina Polonia y diferente de la de África. Incluso en los Estados Unidos estamos viendo diferentes interpretaciones entre diversas regiones del país. El arzobispo Chaput está tomando una línea similar a la Familiaris Consortio, mientras que el obispo McElroy de San Diego va con el enfoque más liberal del cardenal Kasper.

Durante esta misma semana, el cardenal Burke declaró que el próximo año, si el dubia no es contestada por el papa; habrá una corrección formal emitida por él, y estoy sospechando que incluirá a otros miembros de la jerarquía que aún no han aparecido en registro, pero que simpatizan con esa iniciativa. Si bien no es la creación de un cisma, la corrección va a exacerbar aún más la profunda fisura dentro de las filas del mundo católico. El papa Francisco, junto a sus colaboradores en el Vaticano, no tiene intención de responder la dubia. La disolución de la doctrina era el final del juego, o ellos nunca habrían redirigido el tema que ya estaba resuelto y meramente reafirmado en Familiaris Consortio.

Creo que después de la corrección se producirá una brecha aún mayor. Más católicos ortodoxos buscarán parroquias y medios de comunicación que afirmen su posición, al igual que los católicos progresistas. Mayor pronunciamiento de “guetto” católico va a emerger, y una división más profunda entre las facciones. Un cisma formal no será proclamado porque de facto hemos estado viviendo un cisma desde el cierre de la última sesión del Concilio Vaticano II y la protesta masiva de la intelligentsia liberal contra la Humanae Vitae.

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Al principio de este artículo me referí a una renovación de la iglesia. Aquellos que se adhieren a la fe y que no ceden a las tendencias actuales podrían convertirse en un modelo para los fieles durante esta crisis. Esto no va a ser el final de los progresistas, incluso ahora el cardenal Kasper está hablando de “intercomunión” con otras denominaciones religiosas. Ellos van a querer una suavización de nuestra postura sobre el aborto y el llamado “matrimonio” homosexual, pero en algún momento Francisco o un sucesor tendrán que defender lo que la iglesia siempre ha defendido en el pasado. En ese momento, con esos mencionados fieles se contará para la reconstrucción requerida por los efectos del actual caos.

Algunos han hablado de una “Opción Benedictina” o una “Opción Dominica” de cara al futuro incierto de nuestra iglesia. Sin embargo, me gusta pensar en la búsqueda de la “Opción Juan Pablo II”, una evangelización radical del mundo simultánea a una adhesión inmediata a las verdades eternas de Cristo y Su iglesia.

Elevo oraciones para que la actual crisis se disipe, y elevo oraciones por el Santo Padre. Rezo para que santo Tomás Moro, que perdió su vida defendiendo la fe con relación al tema del divorcio y el casamiento subsiguiente, interceda en nombre del papa, revelándole a éste la sabiduría de su predecesor Juan Pablo II.

Fuente: JASON KIPPEN, The Christian Review, 23.XII.2016

kippen(*): Jason Kippen es padre de familia, esposo, escritor. Republicano conservador, activista pro-vida de Nueva York. Master en Gerencia de Recursos Humanos por la Universidad de Connecticut. Interprete Social, aboga por autistas y asiste personas en el espectro a encontrar empleos significativos. Twitter: @Jason_Kippen – http://www.spectrumemployees.com/

El Cardenal Müller alerta sobre las ‘ideologías que presionan para cambiar la doctrina católica’

Cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, de la Comisión Teológica Internacional y de la Pontificia Comisión Bíblica.
Cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, de la Comisión Teológica Internacional y de la Pontificia Comisión Bíblica.

ANDREA GAGLIARDUCCI

“La ideología es siempre un gran intento de someter la Palabra de Dios y la Doctrina de la Iglesia al prejuicio de los propios pensamientos, con el objetivo de obtener un poder manipulador en los fieles y sus vidas”, ha defendido el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Müller, alertó ante las ideologías y sus presiones que, desde la conclusión del Concilio Vaticano II, han buscado cambiar la doctrina católica.

El Purpurado ha hablado sobre este tema en una conferencia en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma el pasado 14 de diciembre, al presentar un volumen de la opera omnia de Joseph Ratzinger/ Benedicto XVI en el que se recopilan sus escritos relativos al Concilio Vaticano II y cuya curaduría está a cargo del Cardenal Müller.

El Prefecto ha explicado que, luego del Concilio, “la esperada renovación pentecostal fue reemplazada por la perspectiva de una confesión ‘babilónica’ de la fe y por el intento de contradecir el pensamiento de la escuela teológica”.

Todo esto, dijo, “no era obra del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo siempre escucha a la Iglesia en amor y verdad. Renunciar a la fe y combatirla, así como la división de la Iglesia que le siguen, son frutos de otro espíritu que no es el Espíritu de Dios”.

El Purpurado explicó también que “la ideología es siempre un gran intento de someter la Palabra de Dios y la Doctrina de la Iglesia al prejuicio de los propios pensamientos, con el objetivo de obtener un poder manipulador en los fieles y sus vidas”.

Por el contrario, precisó, la teología es distinta porque es “la reflexión humilde de la fe que emerge de la escucha de la Palabra de Dios”.

Por esta razón, “cualquier temor de que el Concilio pueda provocar un quiebre con la Tradición de la Iglesia no es solo herético sino que desmantelaría el significado de la mediación sobrenatural”.

En su saludo navideño a la curia el 22 de diciembre de 2005, Benedicto XVI formuló la expresión “hermenéutica de la continuidad”. Al respecto, el Cardenal Müller resaltó que “sin una hermenéutica de la continuidad y de la reforma, la Iglesia se secularizaría a sí misma y se convertiría en algo similar a una organización humanitaria”.

Si eso llegase a pasar, alertó, “no habría razón entonces en ser parte de la Iglesia”.

“La hermenéutica de la reforma y la continuidad no es sino la hermenéutica de la fe y es testimoniada por las Sagradas Escrituras, que vive en la tradición apostólica interpretada por el auténtico magisterio. Ciertamente, la Iglesia está fundada sobre la revelación y no sobre el magisterio”.

El Purpurado alemán dijo que “habiendo visto los desarrollos del siglo XX, vemos que la ideología no es sino el reclamo de algunos seres humanos para dominar la consciencia moral de la gente”.

“La renovación y el mainstream son los signos de las resistencias ideológicas que se levantan contra la consciencia de Dios”.

Estas ideas, explicó, “pueden atisbarse en las raíces filosóficas de la Iluminación, el idealismo y el materialismo, algo que se puede comprobar en el giro ideológico que Europa ha vivido en los últimos siglos”.

“El asunto finalmente es si el hombre realmente puede encontrar sus cimientos en su autorrealización sin reconocer su lazo constitutivo con el creador y reconciliador soberano”, concluyó.

Fuente: ANDREA GAGLIARDUCCI, Aciprensa, 21.XII.2016

Caffarra: ‘Hay dos interpretaciones contradictorias en Amoris Laetitia, el texto no es claro’

Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo emérito de Bologna, Italia.
Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo emérito de Bologna, Italia.

Por GABRIEL ARIZA

El cardenal arzobispo emérito de Bolonia ha respondido a las preguntas de Infovaticana sobre la polémica alrededor de Amoris Laetitia. “Menos doctrina significa una Iglesia más ignorante y menos capaz de dar respuesta a las grandes preguntas”.

El cardenal Carlo Caffarra, arzobispo emérito de Bolonia y fundador del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia, ha ofrecido una rueda de prensa en la Universidad Católica de Ávila (UCAV) con ocasión de su conferencia “Matrimonio y Libertad”.

El cardenal Caffarra, que comenzó su intervención disculpándose por su castellano, explicó su presencia en Ávila para hablar de un tema que considera de suma importancia: el actual debate sobre el matrimonio y la familia, es decir, la relación entre el matrimonio y la libertad.

Preguntado por este portal acerca de la interpretación adecuada de Amoris Laetitia, el cardenal Caffarra ha respondido que la exhortación apostólica es muy clara sobre la doctrina de la indisolubilidad, la naturaleza y sacramentalidad del matrimonio.

Respecto al problema de los divorciados vueltos a casar y del acceso a los sacramentos, Caffarra piensa que Amoris Laetitia no ha cambiado la disciplina ni la doctrina pasada. “Por una razón muy simple, si el Santo Padre hubiera tomado una decisión tan grave como esta, era necesario decirlo expresamente, y no en una nota al pie”, explica.

Sin embargo, el prelado añade que no sería honesto si no tuviera presente un hecho: hay dos interpretaciones contradictorias, en conflicto, sobre los mismos epígrafes de Amoris Laetitia. “El arzobispo de Filadelfia y el de Chicago, por ejemplo, lo interpretan de manera diferente, en la misma nación. El obispo de Phoenix dice lo que dice el arzobispo de Filadelfia. Me limito a EEUU…”, afirma Caffarra.

Sobre la famosa carta del Papa Francisco a los obispos de Buenos Aires, Caffarra señala que el magisterio del Santo Padre, válido para toda la Iglesia y que obliga a todos los creyentes, no puede manifestarse en una carta privada.

“Aquí, debemos decir que el texto no es claro, porque los obispos están interpretándolo de manera no diferente, sino contradictoria“, subraya, al tiempo que añade que hay un conflicto y que la autoridad que debe decir cuál es la interpretación auténtica es el Papa, que hasta el momento no lo ha hecho, afirma Caffarra, preguntándose por qué.

El cardenal Caffarra también ha recordado que el Papa Francisco ha hablado de “una guerra mundial contra el matrimonio”, ya que existe un conflicto entre la concepción de la libertad que no puede tener vínculos y la libertad que la Iglesia piensa como capacidad de amar y de entregarse por siempre.

Según explica Caffarra, en las legislaciones occidentales, el matrimonio se está convirtiendo en un contrato meramente privado y el divorcio, después de ser una institución para los casos extremos y trágicos, ahora es un hecho corriente y ordinario. Cada vez se tiene más la idea de que hoy los esposos pueden decir “somos esposos si y mientras decidamos libremente serlo”.

En el fondo de esta situación hay una idea y una experiencia de la libertad que fue expresada por primera vez por el teólogo español Luis de Molina, nacido en Cuenca en 1536. Una nueva idea y una nueva experiencia de libertad que sostiene que somos libres si no tenemos vínculos, que somos libres si no pertenecemos a otros.

Esta concepción hace menos comprensible la propuesta cristiana del matrimonio y este el gran problema de la Iglesia hoy respecto al matrimonio, según sostiene el cardenal Caffarra. La Iglesia cree que la libertad es capacidad de amar y de entregarse por siempre.

La actitud de la Iglesia ante esta situación, en opinión de Caffarra, no debe ser simplemente resignarse a ofrecer el matrimonio a quien lo pida, siempre cada vez menos, sino que debe poner en marcha dos estrategias. La primera, como pide el Papa en Amoris Laetitia, hacer una verdadera pastoral del vínculo conyugal.

La segunda de estas estrategias supone poner en marcha un fuerte proceso educativo, en el cual la Iglesia desarrolle dos tareas: convertirse en la “comadrona” que ayuda al hombre a nacer a sí mismo y a comprender quién es el hombre y ayudar a las personas a realizarse de un modo verdaderamente libre y libremente verdadero. Esta ayuda la ofrece a través de los medios sobrenaturales de la salvación, que la Iglesia pone a disposición del hombre.

Ante la pregunta de InfoVaticana sobre que algunos católicos se sienten huérfanos de sus pastores ante la colonización ideológica y la amenaza de la ideología de género, el cardenal Caffarra responde que en las comunidades cristianas comienza a circular una idea: menos doctrina, más pastoral. Cuando en realidad, apunta el prelado, menos doctrina significa una Iglesia más ignorante y menos capaz de dar respuesta a las grandes preguntas.

Fuente: GABRIEL ARIZA, Infovaticana, 11.XI.2016

Francisco, la Curia y el gobierno. Episodios de perplejidad. ¿Pero, éste papa es bueno?

fanfaPor MARCO TOSATTI

Ahora los reproches del Papa a la Curia no sorprenden a nadie. Digamos que han tomado un tono casi ritual. A partir de la lectura de sus palabras parece haber arremetido contra eventuales resistencias a la reforma de la curia. Pero esto puede causar perplejidad. Hasta ahora, la reforma se había centrado sobre el afianzamiento de algunas comisiones pontificias, dicasterios y en el lanzamiento de la nueva Secretaría de Comunicaciones, pero parece que ninguna de estas iniciativas había suscitado particulares descontentos. Y es que el progresivo despojo de algunas grandes prerrogativas de la Secretaría de Economía, que el mismo Papa le había asignado, sobrevino con el consentimiento del Pontífice mismo, e incluso allí no parece que las principales partes interesadas se hayan encadenado a los portones de San Pedro. Quienes alcanzaron a maniobrar para recuperar el dinero y el poder que el primer Motu Proprio lucía sustraerles están bien satisfechos. Y el cardenal Pell aunque se sienta un poco traicionado, y quizá un poco ingenuo, por haber creído en las exhortaciones tipo “avance sin mirar a nadie al rostro”, provenientes de “Alto Sitio”, absorbió el golpe como viejo atleta australiano.

Quizá la ira del soberano tenía otras razones y metas

Lo que se percibe en la Curia es diferente; y no es de resistencia de lo que se trata, sino de temor, descontento y sentimientos que se colocan en otro contexto.

Diversos episodios se nos han hecho saber por una fuente digna de fe. Vamos a reportar un par de ellos, sin comentarios.

El primero se refiere a los nombramientos episcopales. Fue hace algún tiempo para hacer un obispo, no en Italia. El nuncio había preparado la terna. Un cardenal, jefe de dicasterio, quizá el mismo titular de la Congregación para los Obispos, durante la asamblea ordinaria tomó la palabra diciendo: el primer candidato indicado es óptimo, el segundo es bueno, pero yo advertiría sobre el tercero, al que conozco bien desde que éste era seminarista, y que presenta problemas tanto en términos de la doctrina como de la moral, respondiendo poco a los criterios necesarios. Pero éste tercero era amigo de alguien; y un otro purpurado, del círculo en el poder en vigencia, criticó a su colega cardenal acusándolo de inexactitud y equivocación. La reunión se cerró sin más decisiones. Sin embargo, al siguiente día el secretario personal del Pontífice se presentó en la Congregación diciendo que la elección recayó sobre el tercero.

Otro caso es considerablemente más triste: Un jefe de dicasterio recibió -sin explicaciones- la orden de deshacerse de tres de sus empleados (que trabajaban en el Vaticano desde hacía varios lustros), recibiendo la carta oficial así: “Por venerable encargo, le ruego que haga dimitir…” La orden fue: vuelva a mandarlos de nuevo a la diócesis o familia religiosa de pertenencia. Y así el destinatario de la orden quedó muy perplejo, porque se trataba de óptimos sacerdotes y personas de las más capaces profesionalmente. De tal modo que, evitando obedecer, pidió repetidas veces audiencia al Papa. Tuvo que trasladarse y esperar, ya que en varias ocasiones asistía y el encuentro era aplazado. Finalmente fue recibido y dijo: Santidad, he recibido éstas cartas, pero no he hecho nada, ya que estas personas están entre los mejores de mi dicasterio … ¿qué cosa han hecho? La respuesta fue: y yo soy el papa, y no debo dar razones a ninguno de mis decisiones. Decidí que deben irse, y deben irse. Se levantó y extendió la mano, lo que significó que la audiencia había terminado. El 31 de diciembre dos de los tres van a dejar el dicasterio en el que trabajaron durante años, sin saber porqué. Para el tercero, al parecer, se estableció una prórroga, pero solapada hay una vuelta que si es cierta, como parece, es aún más desagradable. Uno de los otros dos se expresaba libremente, tal vez demasiado, sobre algunas decisiones del Papa, y alguien, un amigo cercano de otro muy estrecho colaborador del Papa, escuchó e informó. La víctima recibió una llamada telefónica muy dura desde el Número Uno. Y luego se van.

¿Pero los chismes no eran un anatema en el reinado del papa Bergoglio?

El torpe intento de investir una comisión de investigación a un sujeto de derecho internacional, tal como la Orden de Malta, independiente de la Santa Sede, con el cual se intercambian embajadores, y que como consecuencia no puede ser investigado desde el exterior, es otro de los síntomas de la fiebre autocrática que parece impregnar al Vaticano.

No es de extrañar si el clima, detrás de los muros y palacios, no es del todo sereno. Y es de preguntarse: ¿cuál crédito se puede dar a toda esa fanfarria de la misericordia?

MARCO TOSATTI, Stilum Curiae, 26-XII-2016

¿«Amoris Laetitia» es realmente tomista? Una Breve nota sobre el «Tomismo» y las afirmaciones morales

Padre Basil B. Cole, OP, dominico, prior de Santa Gertrudis (Cincinnati - USA). Doctor en teología y filosofía. Profesor universitario. Autor de numerosos libros y colaborador de Germain Grisez en la obra de teología moral «The Way of the Lord Jesus»
Padre Basil B. Cole, OP, dominico, prior de Santa Gertrudis (Cincinnati – USA). Doctor en teología y filosofía. Profesor universitario. Autor de numerosos libros y colaborador de Germain Grisez en la obra de teología moral «The Way of the Lord Jesus»

Debido a su gran sabiduría y autoridad, el nombre de santo Tomás de Aquino es utilizado muchas veces para reforzar las afirmaciones de los teólogos, utilizándolo incluso en defensa de ‘Amoris Laetitia’. Si alguien tiene al Doctor Angélico de su parte, entonces es que ese alguien lo está haciendo estupendamente.

De esta situación surgen las preguntas sobre qué clase de afirmaciones y documentos garantizan poder calificar de ‘tomista’ algo y cómo puede justificarse razonablemente dicho apelativo.

Las siguientes puntualizaciones podrían ser útiles para resolver esas preguntas.

PRIMERA: algo podría calificarse como ‘tomista’ porque sigue la metodología perfeccionada por Aquino. Como muchos otros autores, Tomás utilizó muchas formas diferentes de ‘hablar’, según los temas y las ocasiones.

Él realizó comentarios a la Sagrada Escritura y también trabajos teológicos; sermones sobre el Credo; una exposición clara y directa de la teología en su “Suma contra Gentiles” (SCG) y así otros muchos.

Pero su máxima y más valiosa aportación es la “Suma Teológica” (ST). Aquí, él se hace cientos de preguntas literalmente, y siempre las contesta a la luz de la tradición católica –especialmente la Sagrada Escritura y los santos Padres-, junto con la ayuda de una sólida filosofía. Algunas veces dice ‘SI’, otras ‘NO’, pero siempre da una útil distinción cuando dice ‘SI’ de una manera, pero ‘NO’ de otra. A él le gustaba la claridad. Como dijo, el trabajo de un sabio es “poner orden y decidir”, esto es, meditar sobre la verdad, enseñársela a los demás de una manera ordenada y refutar las falsedades opuestas (ver ST I, q. 1, a.6, c y nota 2; SCG I, c. 1).

SEGUNDA: algo podría decirse ‘tomista’ porque sigue las enseñanzas reales de Tomás. Esto puede, sin embargo, tener resultados variados. Algunas veces, pero muy raramente, seguir a Aquino puede llevar a una persona al error. Este podría ser el caso de alguien negase el dogma de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, basado en que Tomás lo negó. De la misma forma, otra persona se equivocaría apoyando el aborto, basada en que Aquino creía en la tardía humanización del embrión humano (ver ST I, q. 118, a. 2 y nota 2). Ambos casos han sido ampliamente aclarados por la Iglesia desde que Tomás escribió sus razones contrarias (ver la Encíclica ‘Ineffabilis Deus’ del Papa Pio IX y el nº 57 de la ‘Evangelium vitae’ de san Juan Pablo II).

En estos dos casos nosotros tenemos que seguir la enseñanza de la Iglesia sin hacer interpretaciones interesadas de los escritos de Tomás de Aquino.

La enseñanza magisterial no depende intrínsecamente de las opiniones de santo Tomás de Aquino, sino de la Sagrada Escritura y de la Sagrada Tradición, interpretadas en continuidad con las enseñanzas anteriores y a la luz del pensamiento más ortodoxo. Al final, seguir la Tradición es la posición tomista más auténtica, ya que él se opuso a toda posición doctrinal que no fuera fiel a la divina revelación y a las enseñanzas vinculantes de la Iglesia.

Otro embrollo en el que se puede tropezar es cuando se cita a Tomás por partes o sin hacer alusión completa a su proyecto teológico. Santo Tomás no fue otra cosa sino un pensador completo, claro y firme. Picotear y elegir afirmaciones suyas sin tener en cuenta el contexto y su relación con sus demás relevantes ideas sería tan desastroso como tomar un versículo de la Sagrada Escritura que excluido de su contexto parece aseverar un punto concreto de lo que se argumenta aunque en su realidad contextual dice lo contrario de lo que se pretende probar. Uno podría suponer que una situación ética es apoyada por Aquino cuando él dice “que en temas de actuación, la rectitud verdadera o práctica no es la misma para todos, como en los temas de detalle, pero solo en relación con los principios generales; y donde existe la misma rectitud en temas de detalle, ello no es igualmente conocido por todos. […] Se verá que el principio falla, según descendemos más y más a los detalles” (ST I-II, q. 94, a. 4; citado en el número 304 de ‘Amoris laetitia’). Aislado de otras afirmaciones de Tomás, se tendría la impresión de que el Doctor de la Iglesia estaría diciendo que no existen las norma morales absolutas y que un cierto discernimiento es necesario en todas y cada una de las situaciones para saber si existe o no un principio moral general aplicable a cada una de esas situaciones. Sin embargo, este no es el verdadero ‘tomismo’.

La ética de las situaciones contradice las firmes declaraciones de santo Tomás de que existen normas morales siempre válidas para todos: estos son los preceptos del Decálogo (ST I-II, q. 100, a. 8), y todos los preceptos negativos universales, porque condenan actos que son “malos en sí mismos y no pueden convertirse en bien” (ST II-II, q. 33, a. 2). Él cita, específicamente, que “uno no puede cometer adulterio para ningún bien” (‘De Malo’, q. 15, a. 1, nota 5). Siguiendo el mismo tema, Aquino mantiene que ciertos actos “tienen la deformación –maldad- unida inseparablemente a ellos mismos, tales como la fornicación, el adulterio y otros de esta clase, los cuales en manera alguna pueden realizarse de forma moralmente buena” (‘Quodlibet’ 9, q. 7, a. 2).

La razón de estas normas excepcionales es que la naturaleza humana no cambia, ni lo hace el Evangelio y el mandato a la Iglesia de transmitir ese Evangelio sin mancha a través de los siglos. Ciertas normas positivas necesitan adaptarse a los tiempos, por ejemplo, algunas en relación con el medio ambiente. En tales casos, la enseñanza magisterial se adapta a las condiciones cambiantes, pero siempre sin contradecir la razón y las verdades ya articuladas por la Iglesia.

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FINALMENTE, con una teología moral tomista, se puede abrazar una posición auténtica de Tomás y beneficiarse de las ideas que ofrece para iluminar las verdades de la fe mantenidas permanentemente por la Iglesia. Por ejemplo, él explica la relación entre la Sagrada Eucaristía y el Sacramento de la Penitencia.

Santo Tomás construye sobre las enseñanzas de san Pablo: ‘De modo que quien como del pan o beba del cáliz del Señor indignamente, es reo del cuerpo y de la sangre del Señor’ (I Cor XI, 27). Aquino dice, “la Sagrada Comunión no debe ser repartida a los pecadores públicos cuando la soliciten […] Un sacerdote que tiene conocimiento del pecado puede privadamente advertir al pecador no público, o advertir públicamente que no pueden acercarse a la mesa del Señor los pecadores hasta que se arrepientan de sus pecados y se hayan reconciliado con la Iglesia” (ST III, q. 80, a. 6). Más aún, Tomás declara que cualesquiera que sean las razones de una persona para practicar el sexo fuera del matrimonio, “sus acciones realizadas simplemente por placer son siempre voluntarias”, por lo que nunca puede decir que ha habido razones externas a él que le han obligado a pecar (ST II-II, q.142, a. 3).

Una vez que una persona peca habitualmente contra el matrimonio de esta manera y desarrolla el vicio de la intemperancia, su razón se obscurece y se convierte en esclavo de sus pasiones (ST II-II, q. 142, a. 4). Tal persona no es capaz de recibir fructuosamente los sacramentos hasta que se arrepienta de todos sus pecados y se decide a un esfuerzo determinado para evitar las ocasiones próximas de pecado: “pertenece a la penitencia detestar los pecados pasados y el propósito, al mismo tiempo, de cambiar su vida para lo mejor” (ST III, q. 90, a. 4).

La enseñanza de santo Tomás es clara: una persona no debe recibir la Sagrada Comunión o la absolución de sus pecados, sino está decidido a cambiar su vida y abandonar el pecado público, incluyendo el sexo activo con una persona que no es su cónyuge sacramental, pecado de escándalo que pueden llevar a otros a pecar (ST II-II, q. 43, a. 1).

Resumiendo, la carga de la prueba queda a cargo del que pretende ondear la bandera del ‘Tomismo’ sobre su edificio moral. Pero aun esto no es suficiente para un gesto de aprobación por parte de Dios. Puede uno ser ‘tomista’ en metodología o en contenido, pero lo que es más importante es ser fiel a las enseñanzas de Cristo tal como se contienen en la Sagrada Escritura y en la Sagrada Tradición tal como han sido entregadas de mano en mano a través de la perenne enseñanza de la Iglesia, porque “los Apóstoles y sus sucesores son vicarios de Dios en el gobierno de la Iglesia que está construida sobre la fe y los sacramentos de fe. De donde, así como ellos no pueden instituir otra Iglesia, así tampoco pueden entregar otra fe, ni instituir otros sacramentos” (ST III, q. 64, a. 2, nota 3).

Fuente: Ordo Predicatorum e Infocatólica

Dos teólogos alemanes defienden a los cuatro cardenales y su Dubia

freiburgMaike Hickson, 21 de diciembre de 2016

Dos teólogos alemanes -los profesores Jan-Heiner Tück y Helmut Hoping- han levantado también sus voces en apoyo de los 4 cardenales y su dubia presentada sobre Amoris Laetitia. Lo que ambos tienen en común es que una vez trabajaron juntos en la Universidad de Friburgo en Alemania y que ambos ahora escriben para periódicos europeos notablemente prestigiosos y por lo tanto ya tienen un público más amplio para sus reflexiones publicadas.

Jan-Heiner Tück, ex-profesor de teología dogmática en la Universidad de Friburgo, que ahora enseña en la Universidad de Viena en Austria, es colaborador habitual del importante periódico suizo Neue Zürcher Zeitung. Generalmente es conocido por su experiencia en cuestiones relacionadas con el Concilio Vaticano II; también ha sido muy crítico de cualquier integración canónica más generosamente propuesta o permitida de la Sociedad de San Pío X sin sus anteriores retracciones doctrinales y correcciones. Por lo tanto, su ahora defensa pública del dubia de los cuatro cardenales podría tener incluso un peso especial, porque no se conoce como un teólogo tradicional-católico.

Jan-Heiner Tück, Profesor de Teología Dogmática de la Universidad de Viena en Austria y colaborador habitual del Neue Zürcher Zeitung (Suiza).
Jan-Heiner Tück, Profesor de Teología Dogmática de la Universidad de Viena en Austria y colaborador habitual del Neue Zürcher Zeitung (Suiza).

En una entrevista del 17 de diciembre con el portal de noticias austríaco KirchenZeitung im Netz, el profesor Tück ha dicho sin embargo ahora que el papa Francisco debe proporcionar “aclaraciones adicionales” con respecto a su exhortación apostólica Amoris Laetitia. Pues la Iglesia se encuentra actualmente “en medio de una controversia de interpretaciones” con respecto a este documento papal, como Tück lo ve. Es importante destacar que el teólogo incluso subraya que el propio Papa Francisco debería dejar claro si apunta a un “desarrollo ulterior” de la doctrina y la práctica al tratar con los divorciados “casados de nuevo”.

Tück también apunta, con respecto a la dubia de los Cuatro Cardenales, lo siguiente:

“Que [es decir, el hecho de que los 4 c. emitieran su dubia] demuestra que Francisco fue un paso más allá que sus predecesores con respecto a la cuestión de cómo tratar con los divorciados casados de nuevo. Decidió no decidir esta cuestión para todos los casos recomendando un camino de acompañamiento. Entonces, al final, es muy posible, en casos individuales, dar la Sagrada Comunión a los divorciados casados de nuevo. Este es un desarrollo adicional que se debe nombrar claramente como tal. El hecho de que no se haya realizado es también una razón por la cual los cuatro cardenales han levantado ahora sus voces.”

Por lo tanto, en su imparcialidad, el profesor Tück habla y dice lo que muchos observadores católicos piensan, es decir, que el papa Francisco debería ser claro y franco sobre cuáles son sus planes de reforma, en lugar de usar a sus amigos y periodistas favorables para hablar por él; a menudo de manera indirecta. A los ojos de Tück, la iniciativa de los cuatro cardenales, por lo tanto, no es en absoluto un escándalo: “Considero exagerado hacer de esto un escándalo”. Francisco siempre ha dicho que acepta la crítica. Al mismo tiempo, es un procedimiento único que los cardenales (más críticamente y en público ahora) siguen un asunto después de la publicación del Papa de un documento post-sinodal. Tück repite esta afirmación en otra parte de la entrevista cuando afirma que “sería bueno que el propio papa Francisco, mientras está todavía en el cargo, pudiera llevar a cabo algunas aclaraciones [sobre Amoris Laetitia]. ”

Esta línea de argumentación justa y bien planteada, tal como se presenta aquí, proviene principalmente de un teólogo que admira al papa Francisco. En la misma entrevista, elogia al papa por haber cambiado la percepción de la iglesia Católica en el mundo y por haber promovido la idea de dar la bienvenida a los refugiados en Europa.

P. Helmut Hoping, profesor de Teología Dogmática de la Universidad de Freiburg y columnista del Frankfurter Allgemeine Zeitung.
P. Helmut Hoping, profesor de Teología Dogmática de la Universidad de Freiburg y columnista del Frankfurter Allgemeine Zeitung.

 

 

 

Para un comentario más detallado sobre el asunto de Amoris Laetitia y el dubia de los 4 cardenales, podemos recurrir al profesor Hoping. El profesor de Freiburg, Helmut Hoping, el segundo teólogo dogmático alemán que ahora ha levantado su voz en defensa de los cuatro cardenales, no parece tan positivamente impresionado con el papa Francisco, y su propia respuesta es más completa y más sustantiva, así como más detallada. Uno de sus dos artículos sobre Amoris Laetitia, que escribió para el prominente periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, publicado el 17 de noviembre de 2016, se titula “Un aleluya por el adulterio” (Ein Halleluja für den Seitensprung) y se presenta con las siguientes palabras de indignación:

“El documento papal Amoris Laetitia sobre la enseñanza sobre el matrimonio y la familia está dividiendo la Iglesia Universal. Recientemente cuatro cardenales se rebelaron con una detallada intervención (dubia) contra este texto magistral. ¿Puede el Papa Francisco – como él dice – confiar aquí en la autoridad de Santo Tomás de Aquino?”

Hoping quiere especialmente refutar la afirmación del cardenal Kasper de que Amoris Laetitia se basa en los pensamientos de santo Tomás de Aquino. Pues Hoping hace hincapié en que la “enseñanza de las virtudes de Tomás de Aquino está embebida en una ética normativa” – en contraposición a la visión de Francisco y Kasper que ven principalmente, y mucho más subjetivamente, su enseñanza sobre las virtudes. Así, cualquier virtud -como la primera virtud cardinal de la prudencia- tiene que orientarse de acuerdo con “la ley natural y la Ley Divina, además de la [positiva] ley humana”, explica Hoping. Así, no se puede hacer uso de la enseñanza de las virtudes “para reemplazarlas [estas normas], sino más bien para implementarlas”.

Así, según Hoping , cualquier virtud tiene que orientarse según las normas éticas , y no ser independientes de ellas. Y la enseñanza de santo Tomás de Aquino sobre el matrimonio considera al matrimonio como “parte de la ley natural, pero al mismo tiempo también parte de la Ley Divina.” El adulterio es, por lo tanto, “un acto intrínsecamente perverso en términos naturales”. Los actos que pertenecen a esta categoría, añade el teólogo alemán, nunca son justificables, a diferencia de actos como el asesinato de una persona que podría estar justificado en una situación de justa y proporcionada autodefensa.

Hoping advierte que Amoris Laetitia nunca cita a Tomás de Aquino con referencia a estos pasajes específicos, ni a ningún otro pasaje sobre el matrimonio, como tal, aunque abiertamente declare usar Tomás de Aquino como fuente de su nuevo “enfoque pastoral” para divorciados vueltos a casar. El teólogo alemán añade: “Es sorprendente que ninguna cita de Santo Tomás se refiera al matrimonio ni a la recepción de los sacramentos, a pesar de que este es el asunto del que principalmente trata Amoris Laetitia”. Para detallar más sólidamente su argumentación, Hoping indica: Santo Tomás no debe y no puede ser utilizado justamente “como una autoridad” con respecto a la enseñanza innovadora en Amoris Laetitia, especialmente en su octavo capítulo.

Hoping también afirma que -contrariamente a la afirmación de Kasper de que “Amoris Laetitia no cambia una iota de la enseñanza”- el documento papal realmente cambia la enseñanza de la iglesia. Y Hoping apunta:

“El documento ya no considera una relación sexual fuera de un matrimonio existente en cada caso como ilícito (AL 301). Por el contrario, ahora depende de las circunstancias si un acto determinado es adulterio o no.”

Lo importante es que Hoping concluye con las palabras: “De éste modo, Amoris Laetitia parte de un punto central de la propia doctrina del papa Juan Pablo II sobre el matrimonio y la sexualidad que él mismo adhirió, y con Santo Tomás a una decisiva tradición magisterial”. El mismo Hoping recuerda a la iglesia, en este contexto, la importancia de la justicia en relación con la misericordia. También desafía a Amoris Laetitia al preguntar si existen o no dos matrimonios válidos al mismo tiempo cuando hay una pareja “casada de nuevo” que ha encontrado la aprobación según las nuevas directrices de Amoris Laetitia. El erudito alemán concluye su artículo con estas palabras: “El documento Amoris Laetitia omite responder a esta pregunta central, pregunta que ella misma ha provocado”.

Sobre el fondo de esta refutación bien fundamentada y bien razonada de Amoris Laetitia, es muy comprensible que el profesor Hoping, después de la publicación de la dubia y de la posterior crítica dirigida a los 4 cardenales, volviera una vez más al público con la defensa de los 4 cardenales. En un artículo del 7 de diciembre de 2016, declara que “porque esto [la cuestión de cómo tratar a los divorciados y “casados de nuevo”] no está claramente presentado en el documento [AL], lo que provoca interpretaciones contradictorias en todo el mundo, los cuatro cardenales piden al Papa una aclaración”.

Hoping explica que los cuatro cardenales presentan sus preguntas con un tono objetivo, una de ellas es si el adulterio todavía se considera un acto intrínsecamente malo. Para él, está claro que los cuatro cardenales “frustran la admisión de los divorciados casados de nuevo al Sacramento, lo que Francisco obviamente tiene en mente, pero que no es la conclusión convincente de su documento”.

En este contexto, Hoping se muestra sorprendido por las críticas del padre Antonio Spadaro, S.J. según las cuales los Cuatro Cardenales estarían otorgando una “vía divisiva”. “Artillería pesada” es también utilizada por los “prelados de alto rango” como el cardenal Joseph William Tobin, de Newark, que ahora incluso acusa a sus cuatro compañeros cardenales de “herejía”. Según Hoping, este último, sin embargo, “pasa por alto en su celo que las preguntas como tales -incluso si pertenecen a un texto magisterial- no pueden ser inherentemente heréticas”. El teólogo alemán también recuerda a los lectores que las primeras palabras de Monseñor Pío Vito Pinto fueron que la iniciativa de los 4 cardenales eran un “enorme escándalo”, y que el Papa podría quitarles sus capelos rojos. Aunque Francisco no lo haría debido a su abundante misericordia petrina.

1) P. Antonio Spadaro, S.J., Director de la revista La Civiltà Cattolica; 2) cardenal  Joseph William Tobin, Obispo de Newark NJ; 3) Mons. Pío Vito Pinto, Decano del Tribunal de la Rota Romana.
1) P. Antonio Spadaro, S.J., Director de la revista La Civiltà Cattolica; 2) cardenal Joseph William Tobin, Obispo de Newark NJ; 3) Mons. Pío Vito Pinto, Decano del Tribunal de la Rota Romana.

Hoping también se refirió en este contexto a la intervención del Cardenal Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), quien recordó a la iglesia Católica y a otros, la indispensable enseñanza sobre el matrimonio de los papas anteriores, y la carta de la CDF de 1994 con respecto a los divorciados “casados de nuevo”. Pero Hoping añade: “Sin embargo, la intervención de Müller no ha sido autorizada por el Papa. De este modo, las cuestiones magisteriales se resolverán de una manera puramente práctica (y de manera diferente, según las conferencias de los obispos individuales), ya que una claridad normativa final y vinculante no se materializa”Esta observación es muy importante y esta es la razón por la que en OnePeterFive, pidieron repetidamente al cardenal Müller que haga una declaración aún más clara y autorizada, en aras de la salvación de las almas.

Como Hoping claramente dice, el debate sobre Amoris Laetitia trata de la cuestión de la enseñanza sobre la Sacramento del Matrimonio. “Mientras que uno se aferre a ella”, explica el teólogo alemán de Friburgo, “la unión de los divorciados casados de nuevo no puede ser un matrimonio válido a los ojos de la Iglesia”. El pone su dedo en la llaga cuando dice:

“Se trata de la cuestión de cómo la Iglesia Católica quiere tratar la pluralidad de relaciones sexuales, ya sea un matrimonio civil sin ceremonia eclesial, o una asociación entre personas del mismo sexo. Para los obispos y teólogos liberales, la cuestión de la comunión para los divorciados “casados” de nuevo (en Amoris Laeticia) es una puerta abierta para la revisión [más laxa] de toda la moral sexual católica. Es decir, una vez que uno renuncia a la enseñanza tradicional vinculante -de acuerdo a la cual un matrimonio válidamente contraído entre una mujer y un hombre es el lugar exclusivo para practicar la sexualidad– la Iglesia podría también, al igual que la iglesia evangélica, darle la bendición , Incluso dentro del marco de una ceremonia religiosa, a relaciones que son similares al matrimonio”.

Para Hoping este debate es mucho más que una mera “controversia eclesial-política”; “Es por eso que ahora se lleva a cabo con tanta vehemencia”.

Es de esperar que los argumentos de estos dos eminentes teólogos -especialmente los de Hoping- cuyos argumentos han recibido ahora mucha atención en el mundo de habla alemana, puedan ahora también encontrar resonancia en el mundo de habla inglesa. Que sus dos nombres se añadan ahora a los muchos otros teólogos y estudiosos varios, como los 45 teólogos, que plantean serias dudas sobre el documento papal Amoris Laetitia.

Miedo: amenazas, censura y espionaje de Bergoglio, el capo

rome16 de diciembre de 2016 (LifeSiteNews) – Nuestra visita de 16-23 de noviembre a Roma fue la más dramática de las muchas otras que hemos realizado por trabajo durante los últimos 10 años. Después de reunirnos con cardenales, obispos y otros miembros de la agencia y el dicasterio del Vaticano, John-Henry Westen, nuestro nuevo reportero de Roma, Jan Bentz, y yo vimos un patrón consistente de ansiedad generalizada y miedo muy real entre fieles servidores de la Iglesia. Nunca hemos encontrado esto antes.

Muchos tenían miedo de ser destituidos de sus cargos, despedidos de sus empleos en las agencias del Vaticano o de enfrentarse a reprimendas severas, públicas o privadas, y a acusaciones personales de los que estaban alrededor del Papa o incluso de Francisco mismo.

Cerca del final de nuestra visita, un clérigo de muy alto nivel confirmó nuestras observaciones. Añadió: “Uno puede sentir el miedo. Es palpable “. Otro, que siempre ha estado dispuesto a discutir situaciones difíciles, inmediatamente nos dijo que no hablaría, ni siquiera extraoficialmente en confianza, sobre cualquiera de las controversias actuales. Nos dijeron que no le hiciera ninguna pregunta sobre estas cosas. Al final de esa visita pudimos abordar una de las controversias y la importante información desconocida para él fue apreciada.

La liberación de la carta de la dubia por los ahora conocidos como seis valientes cardenales, apoyados en silencio por al menos 20 a 30 otros cardenales, ha provocado claramente una intensa atmósfera de intimidación y temor en el Vaticano.

El 23 de noviembre, el periodista de LSN, Pete Baklinski, informó que el obispo Athanasius Schneider dijo estar “asombrado” por lo que llamó una “inusualmente violenta e intolerante” reacción, agregando que tal reacción va en contra de la llamada del Papa a la “aceptación de una pluralidad legítima de opiniones “.

El papado de Francisco ha creado un clima radicalmente diferente en Roma que el de Papa Juan Pablo II y Benedicto XVI, bajo los cuales Roma fue un lugar mucho más acogedor para una Cultura Católica de la Vida para guerreros como nosotros.

Otro relato del 23 de noviembre informó que los Cardenales Burke y Pell fueron removidos oficialmente de la Congregación para el Culto Divino y que “la membresía de la oficina fue recientemente destruida, con numerosos progresistas nombrados como reemplazos”. Eso dejó al fuertemente ortodoxo Card Sarah, cabeza de la congregación, neutralizada, silenciada.

El cardenal Ouellet, jefe de la Congregación de los Obispos, también se ha quedado con poca autoridad real, con subalternos progresistas, nombrados por Francisco, que tienen ahora mayor influencia sobre quién se elige como obispo. Los obispos que se nombran ahora generalmente tienden a ser de los puntos de vista más radicalmente liberales, como el obispo de San Diego, Robert McElroy. Y, por supuesto, el Cardenal Pell se ha visto impedido de proseguir sus muy necesarias reformas de las instituciones financieras vaticanas y los procedimientos que se dice que aún están plagados de corrupción.

La Academia para la Vida, originalmente fundada personalmente por el Papa San Juan Pablo II y por el también santo Dr. Jerome Lejeune, se ha cambiado drásticamente y el obispo Kasperita, el Arzobispo Vincenzo Paglia, ha sido elegido por el Papa Francisco para ser el nuevo jefe.

El requisito original de San Juan Pablo II y del Dr. Lejeune de que los miembros deben firmar una declaración de que defienden las enseñanzas pro-vida de la Iglesia ha sido removido, el mandato de la Academia ha sido cambiado a un tipo de prenda sin costuras que ahora incluirá un centrarse en el medio ambiente. Se han revocado las membresías permanentes de muchos de los miembros originales de la Academia. Probablemente no es una coincidencia que esto se haya hecho considerando que un número significativo.

Todas las universidades católicas en Roma son observadas y las conferencias de los profesores examinadas para asegurar que caen en línea con una interpretación liberal de Amoris Laetitia. Los clérigos son reportados a los superiores si son escuchados expresando preocupaciones sobre el Papa Francisco. Muchos tienen miedo de hablar abiertamente, aunque en el pasado siempre estuvieron muy dispuestos. Los reporteros del Vaticano nos dijeron que fueron advertidos en numerosas ocasiones de no informar sobre la dubia “. Es como si la Roma católica se convirtiera en un tipo de estado policial de la Iglesia debido a lo que se considera una gran amenaza de la carta dubia a ciertas agendas. En un artículo del 13 de diciembre en OnePeterFive, la comentarista del Vaticano, Maike Hickson declaró: “He oído informes de que el Vaticano es como un estado ocupado. Ciertas fuentes con las que he hablado temen que las comunicaciones con los funcionarios vaticanos estén siendo monitoreadas; Algunos incluso han reportado anomalías sospechosas en sus conversaciones telefónicas en las que, tras una llamada perdida, el audio de los últimos momentos de su conversación se ha repetido una y otra vez en un bucle, como si estuvieran escuchando una grabación.

Algunas personas que trabajan dentro del Vaticano están aconsejando a sus contactos en el exterior que no compartan información confidencial vía correo electrónico o sus teléfonos celulares emitidos por el Vaticano.

“Hickson continúa citando la respetada respuesta del corresponsal del Vaticano Ed Pentin a una pregunta en una extensa entrevista en Reginamag.com titulada,” ¿Hay un reinado de terror en el Vaticano? “Pentin respondió:” La reacción del Papa, de yendo hasta el punto de cuestionar el estado mental de los cardenales, ha sido leído como una manifestación de su propia rabia por haber desviado su agenda. Y en lugar de tomar a los cuatro cardenales en su palabra (han dicho que están actuando principalmente por la caridad hacia el Santo Padre, la justicia y la profunda preocupación pastoral), son vistos como adversarios.

Entiendo que también ha estado trabajando entre bastidores para asegurar que su agenda no se vea frustrada. De los artículos colocados estratégicamente en L’Osservatore Romano a los equívocos de aquellos que públicamente criticaron a la dubia cuando se le preguntó si el Papa les había pedido que lo hicieran, Francis ha estado actuando, como lo dijo un observador, como un lobbista político “detrás del escenario “. En las tres semanas posteriores a la publicación de la dubia, el Papa dio tres entrevistas a los medios de comunicación mundiales, cada uno de ellos con el objetivo de legitimar su posición y denigrar a sus críticos. Por último, es importante señalar que simplemente haciendo coincidir hechos con palabras procedentes del Papa y sus aliados, está claro que hay mentiras y engaños significativos que tienen lugar, así como calumnias y la mancha de reputación de aquellos etiquetados como “de derechas “sólo porque son públicamente críticos de Amoris Laetitia, o simplemente informan sobre tales críticas. Realmente me duele decirlo todo, porque como periodista católico no se quiere disminuir de ninguna manera la Oficina Petrina, pero siento que tengo la obligación de informar los hechos sobre lo que está sucediendo.

“Estas son palabras fuertes de este reportero del Vaticano siempre de primera categoría, que normalmente es de voz y de actitud muy suave. En otro artículo de LifeSite, informamos de la evaluación del obispo Atanasio sobre el deterioro de la situación en Roma, “La reacción a la dubia es una prueba del clima en el que realmente vivimos en la Iglesia en este momento”, dijo el obispo Schneider. “Vivimos en un clima de amenazas y de negación del diálogo hacia un grupo específico”. Schneider continuó diciendo que “el diálogo parece ser aceptado sólo si piensas como todos los demás, que es prácticamente como un régimen”. Schneider planteó Su experiencia en Rusia, donde nació en la época de la Unión Soviética. Sus padres fueron enviados por Stalin a los campos de trabajo, o “Gulags”, después de la Segunda Guerra Mundial. “Si usted no seguía la línea del partido o la cuestionaba, ni siquiera podría preguntar. Eso es para mí un paralelo muy claro con lo que está pasando ahora en las reacciones a las preguntas dubia de los Cardenales “.

La creciente hostilidad hacia los medios de comunicación fieles que se atreven a cuestionar simplemente con respeto las acciones o declaraciones de los que rodean a Fco. o del propio papa fue destacada especialmente en un informe de Reuters del 7 de diciembre.

“El uso de términos psicológicos precisos”, dijo el Papa Francis, dijo que los medios de comunicación escandalosos corrían el riesgo de ser víctimas de la coprofilia, (o una excitación sexual por excrementos,) y los consumidores de estos medios se arriesgaban a la coprofagia o comer excrementos “.

Así que ahora, si la traducción es correcta, como suelen suceder en la mayoría de los casos, si nos atrevemos a ver e informar de lo que es obviamente novedoso y que no da buena imagen del Papa o de sus estrechos colaboradores, somos “escandalosos”, ” comiendo excrementos “y siendo excitados sexualmente por estos excrementos que suponen informar la incómoda verdad.

¿Cómo puede un Papa, el Vicario de Cristo, hacer tan viles acusaciones? ¿Que pasó con el: “¿Quién soy yo para juzgar?”

Este artículo podría seguir y seguir, con muchos más ejemplos, como nuestro informe que el obispo jubilado católico griego Frangiskos Papamanolis arrojó a los cardenales por cometer los pecados de “apostasía” y “escándalo”, diciendo que reciben la Sagrada Comunión “sacrílegamente” por suscitar preocupaciones sobre el documento del Papa.

Cada día parece que hay más y más hostilidad orquestada contra cualquiera que se atreva a respaldar la dubia de los fieles cardenales, que se atreven a cuestionar respetuosamente las declaraciones y acciones del Papa Francisco, y a mencionar los absolutos morales de Cristo cristalinamente claros, maravillosamente y completamente expuestos por el Papa San Juan Pablo II en Familiaris Consortio y Veritatis Splendor.

Tenemos que preguntarnos a dónde va todo esto. Es profunda, profundamente preocupante. La frase común que oímos esa semana en Roma es que hay una “guerra” en la Iglesia – una guerra del “Espíritu del Vaticano II” progresistas contra los católicos ortodoxos. Una persona tras otra usó esa palabra, sorprendentemente.

Nunca he experimentado algo como esto en mi vida y estoy seguro de que la mayoría, si no todos los lectores regulares LifeSite, puede decir lo mismo.

Fuente: LifeSiteNews