Bergoglio político. El mito del pueblo elegido

papaproEl Papa de la misericordia es también el de los “movimientos populares” anticapitalistas y antiglobalización. Muere Castro, gana Trump, caen los regímenes populistas sudamericanos, pero él no se rinde: está seguro de que el futuro de la humanidad está en el pueblo de los excluidos

por Sandro Magister

ROMA, 11 de diciembre de 2016 – Es evidente que el pontificado de Francisco tiene dos pilares: el religioso y el político. El religioso es la lluvia de misericordia que purifica a todos y a todo. El político es la batalla a escala mundial contra “la economía que mata”, que el Papa quiere combatir junto a esos “movimientos populares” -la definición es suya-, en los que ve brillar el futuro de la humanidad.

Es necesario remontarse a Pablo VI para encontrar otro papa familiar con un diseño político orgánico, en su caso el de los partidos católicos europeos del siglo XX: en Italia, la DC de Alcide De Gasperi y en Alemania, el CDU de Konrad Adenauer. Jorge Mario Bergoglio es ajeno a esta tradición política europea, ya desaparecida. Como argentino, su humus es otro muy distinto. Y tiene un nombre que en Europa tiene una acepción negativa, pero no en la patria del Papa: populismo.

“La palabra pueblo no es una categoría lógica, es una categoría mística”, dijo Francisco el pasado mes de febrero, a su vuelta de México. Al poco tiempo, entrevistado por el también jesuita Antonio Spadaro, lo precisó. Más que “mística”, dijo, “en el sentido que todo lo que hace el pueblo es bueno”, es mejor decir “mítica”. “Se necesita un mito para entender al pueblo”.

Bergoglio cuenta este mito cada vez que se reúne con los “movimientos populares”. Hasta ahora lo ha hecho tres veces: la primera vez en Roma, en 2014; la segunda en Bolivia, en Santa Cruz de la Sierra, en 2015; la tercera el pasado 5 de noviembre, de nuevo en Roma. Cada vez enardece al auditorio con discursos interminables, de unas treinta páginas cada uno, que juntos ya forman el manifiesto político de este Papa.

Los movimientos con los que se reúne Francisco no los ha creado él, eran preexistentes. No tienen nada que sea declaradamente católico. En parte son herederos de las memorables reuniones anticapitalistas y antiglobalización de Seattle y Porto Alegre. A ellos se añade la multitud de marginados de los cuales el Papa ve prorrumpir “ese torrente de energía moral que nace de la implicación de los excluidos en la construcción del destino del planeta”.

Francisco confía a estos “rechazados de la sociedad” un futuro hecho de tierra, casa y trabajo para todos gracias a un movimiento ascendente de llegada de estos al poder, que “trasciende los procedimientos lógicos de la democracia formal”. El 5 de noviembre el Papa dijo a los “movimientos populares” que había llegado el tiempo de dar el salto a la política “para revitalizar y refundar las democracias, que están atravesando una verdadera crisis”.

Y si para esta revolución mundial es necesario un líder, hay quien ya lo ha señalado precisamente en el Papa. Es lo que hizo hace un año en el Teatro Cervantes de Buenos Aires el filósofo italiano Gianni Vattimo, voz escuchada por la ultraizquierda mundial, cuando peroró la causa de una nueva Internacional “comunista y papista”, con Francisco como su líder indiscutible, para combatir y ganar la “guerra de clase” del siglo XXI. Al lado de Vattimo se sentaba un complacido monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, argentino, estrecho colaborador del Papa Bergoglio en el Vaticano.

Las potencias contra las que se rebela el pueblo de los excluidos son, en la visión del Papa, “los sistemas económicos que para sobrevivir deben hacer la guerra y sanar así las balanzas económicas”. Ésta es su clave de explicación de la “guerra mundial a trozos” y del propio terrorismo islámico.

Mientras tanto asistimos a un revés tras otro de las izquierdas populistas sudamericanas hacia las que Bergoglio manifiesta tanta simpatía: en Argentina, en Brasil, en Perú, en Venezuela.

Para consolar parcialmente al Papa, llega de este último país el nuevo superior general de la Compañía de Jesús, el padre Arturo Sosa Abascal, que ha escrito y enseñado toda la vida política y ciencias sociales, y que fue marxista en su juventud y luego defensor de la llegada al poder de Hugo Chávez, es decir, de la persona que ha llevado al “pueblo” venezolano al desastre.

Pero para alterar la política del Papa Francisco han llegado también la muerte de Fidel Castro y la elección de Donald Trump; éste sorprendentemente votado precisamente por los “excluidos” de la gran industria capitalista.

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Esta nota ha sido publicada en “L’Espresso” n. 50 del 2016, en los kioscos el 11 de diciembre, en la página de opinión titulada “Settimo cielo” confiada a Sandro Magister.

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