¿Una iglesia en “cisma de facto”? Historia de tres papas

3popesJASON KIPPEN*

Hay señales preocupantes en todo el mundo católico y, particularmente, en Roma. Incluso se podría decir que las nubes de tormenta sobrevuelan la Ciudad Eterna. En mi opinión, estamos aproximándonos a un momento de inmensa oscuridad, pero en otro lado de esta tribulación podrían aguardar grandes frutos para la iglesia debido a que con frecuencia el martirio espiritual precede los períodos de renovación de la iglesia.

Con los dos últimos sínodos que produjeron la exhortación Amoris Laetitia, hemos sido testigos de frentes de batalla formados entre neo-católicos, facción progresista, y los ortodoxos, ala tradicional de nuestra iglesia. Durante el pontificado de san Juan Pablo II, la facción más liberal libró guerra con él y sus seguidores, pero nunca alcanzaron plenamente sus objetivos. ¿Por qué? Más allá de haber sido el Soberano Pontífice, también era un actor global de inmenso talento que constituía la principal fuerza que provocó la caída del telón de acero. Karol Wojtyla combatió todos los ismos de su época: el nazismo, el comunismo e incluso el liberalismo en su propia iglesia. Los progresistas no se atrevieron a desafiar a un hombre que era visto como un libertador y un santo en vida.

Después que san Juan Pablo El Grande murió, el velo fue levantado en la guerra que se libraba entre los progresistas y los ortodoxos. Su sucesor, Benedicto XVI, no poseía el encanto de teflón del que el papa polaco disfrutó. Las controversias atascaron a Benedicto XVI hasta la infección, abriendo la brecha entre las dos facciones a la vista de todo el orbe, cuando la izquierda católica se sintió envalentonada para atacar en todos los frentes.

Tras la renuncia papal vino el papa Francisco cuyo estilo espontáneo era todo lo contrario de su predecesor y deleitó al ala progresista que añoró un cambio radical. Señales preocupantes fueron vistas desde el principio cuando Francisco dijo que la iglesia se obsesiona demasiado con el aborto, con el llamado matrimonio homosexual, y con la anti-concepción. Este tipo de declaración fue directamente a contracorriente de aquellos cuya fe adquirió forma durante el pontificado de Juan Pablo II.

Más desafortunados comentarios pronto vinieron del papa Francisco, tales como el de acusar a fieles católicos de ser “rígidos”, así como de estar siendo “ensimismados, prometéicos y neo-pelagianaos” Allí estaban las purgas de eclesiásticos que no estaban de acuerdo con él, incluidos los eminentes cardenales Burke y Sarah. La lista de desaires a líderes católicos de la inclinación tradicional es demasiado numerosa para catalogarla aquí.

familiarisAhora tenemos la dubia de los cuatro valientes cardenales que han pedido aclaración al Santo Padre sobre los controvertidos temas derivados de la exhortación Amoris Laetitia y lo que ellos perciben como un distanciamiento de la doctrina establecida. A decir verdad, realmente no había ninguna razón para los dos sínodos y la Amoris Laetitia debido a que estas materias ya estaban conformadas por dos milenios de historia de la iglesia, y habían sido plenamente articuladas en la Familiaris Consortio (1981) de Juan Pablo II, que habló directa y exhaustivamente de las cuestiones de la familia. La muy debatida propuesta del cardenal Kasper para admitir a la comunión de los divorciados y vueltos a casar, que Amoris Laetitia acaba proponiendo, ya se había establecido en  Familiaris Consortio.

A lo que Amoris Laetitia está dirigida a lograr es a ir directamente al corazón del catolicismo. La exhortación, en varios modos, ha fracturado la universalidad de la iglesia, al permitir diferentes doctrinas de la Eucaristía a ser impartidas por los obispos en diferentes naciones. La interpretación alemana de la comunión para los divorciados vueltos a casar es diferente a la interpretación de su vecina Polonia y diferente de la de África. Incluso en los Estados Unidos estamos viendo diferentes interpretaciones entre diversas regiones del país. El arzobispo Chaput está tomando una línea similar a la Familiaris Consortio, mientras que el obispo McElroy de San Diego va con el enfoque más liberal del cardenal Kasper.

Durante esta misma semana, el cardenal Burke declaró que el próximo año, si el dubia no es contestada por el papa; habrá una corrección formal emitida por él, y estoy sospechando que incluirá a otros miembros de la jerarquía que aún no han aparecido en registro, pero que simpatizan con esa iniciativa. Si bien no es la creación de un cisma, la corrección va a exacerbar aún más la profunda fisura dentro de las filas del mundo católico. El papa Francisco, junto a sus colaboradores en el Vaticano, no tiene intención de responder la dubia. La disolución de la doctrina era el final del juego, o ellos nunca habrían redirigido el tema que ya estaba resuelto y meramente reafirmado en Familiaris Consortio.

Creo que después de la corrección se producirá una brecha aún mayor. Más católicos ortodoxos buscarán parroquias y medios de comunicación que afirmen su posición, al igual que los católicos progresistas. Mayor pronunciamiento de “guetto” católico va a emerger, y una división más profunda entre las facciones. Un cisma formal no será proclamado porque de facto hemos estado viviendo un cisma desde el cierre de la última sesión del Concilio Vaticano II y la protesta masiva de la intelligentsia liberal contra la Humanae Vitae.

familia

Al principio de este artículo me referí a una renovación de la iglesia. Aquellos que se adhieren a la fe y que no ceden a las tendencias actuales podrían convertirse en un modelo para los fieles durante esta crisis. Esto no va a ser el final de los progresistas, incluso ahora el cardenal Kasper está hablando de “intercomunión” con otras denominaciones religiosas. Ellos van a querer una suavización de nuestra postura sobre el aborto y el llamado “matrimonio” homosexual, pero en algún momento Francisco o un sucesor tendrán que defender lo que la iglesia siempre ha defendido en el pasado. En ese momento, con esos mencionados fieles se contará para la reconstrucción requerida por los efectos del actual caos.

Algunos han hablado de una “Opción Benedictina” o una “Opción Dominica” de cara al futuro incierto de nuestra iglesia. Sin embargo, me gusta pensar en la búsqueda de la “Opción Juan Pablo II”, una evangelización radical del mundo simultánea a una adhesión inmediata a las verdades eternas de Cristo y Su iglesia.

Elevo oraciones para que la actual crisis se disipe, y elevo oraciones por el Santo Padre. Rezo para que santo Tomás Moro, que perdió su vida defendiendo la fe con relación al tema del divorcio y el casamiento subsiguiente, interceda en nombre del papa, revelándole a éste la sabiduría de su predecesor Juan Pablo II.

Fuente: JASON KIPPEN, The Christian Review, 23.XII.2016

kippen(*): Jason Kippen es padre de familia, esposo, escritor. Republicano conservador, activista pro-vida de Nueva York. Master en Gerencia de Recursos Humanos por la Universidad de Connecticut. Interprete Social, aboga por autistas y asiste personas en el espectro a encontrar empleos significativos. Twitter: @Jason_Kippen – http://www.spectrumemployees.com/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s